Aprovechar la existencia

  Andar desnuda el día entero, comer con las manos y chuparme los dedos, decir mis sentimientos, elegir mis pensamientos, esquivar mis costumbres, tirar todo lo que sobra, ampliar mis espacios y compartirlos, analizar a los insectos, destrozar mis siempre y mis nunca, divertirme con mi compañía, probar lo que no conozco, enaltecer a las arañas, sentir lo que he ignorado, cantar y reir alto por la calle, callarme la boca cuando me doy cuenta, bailar en público igual que en casa y ser la fiesta de la fiesta, pisar donde no dejaron huella sólo porque me asusta, esconderme de todos para que nadie interrumpa mis tristezas, concentrarme religiosamente en lo que percibo, escucharme y obedecerme, detener el mundo si no se me ha permitido expresarme, echar afuera los rodeos, aventurarme a perder el corazón prestándolo como si fuera un disco o un libro, develar las intenciones, apreciar el jugo de todas mis relaciones, compensar con amor mis carencias, escuchar el deseo de mí útero y describir ese incendio, descartar la repetición, sumergirme en el imprevisto, filosofar hasta el estrés, adorar los alfajores, temblar de miedo, rendirme al dolor, saltar de la alegría al beso y explorar un cuerpo con mi lengua, correr como viento, jugar en la plaza y sacralizar mi juego, atreverme a desprenderlo todo, renunciar a todo aquello que se me vuelve necesario, dormir de día y de noche despertar en mis propios sueños, concienciar el mundo que construye mi inconsciente, morder, andar en bicicleta con los ojos cerrados, decodificar el placer de todo, leer los espejos, interpretar la simbología, encontrar los mensajes en cada evento, gozar, humedecer la tierra, regocijarme, perderme y encontrarme, cagarme de vez en cuando en todo lo que generalmente cuido, despreciar la importancia, arriesgar lo verdadero, quemar los versos, burlarme de mi ego y luego contenerlo, incomodar lo que me duerme, sacudir lo aburrido y extasiarme, comer todo lo que quiero, beber hasta sentirme pájaro, asustar a mis miedos y medirlos, comer crudo, hablar de comida, borrar los maltratos, permanecer sola para no conformarme con poco y tomar mate soñando a un compañero, sembrar verduras y regarlas cada día, bendecir la ayuda de los astros, comprender a la luna y respetar el curso de sus procesos, empujarme hacia afuera para no aislarme, alejarme de los verdugos y los castigos, insistir en aceptar todo como es, descalzarme y meter los pies en el barro, mojarme, soltar mis rulos y el control de las situaciones, estimular mis grandes ideas, espantar a los cobardes, despojarme de recuerdos, besar a todos con ruido y abrazar como si fuera la última vez, menstruar con honor y ovular con fuego, agradecer hasta las muertes, enojarme conmigo hasta encontrar lo que me duele, erotizarme, complacerme, sumergirme en mis deseos, apedrear la culpa aunque se asome por donde menos lo suponga, completarme admirando al otro, reconocer la razón y el miedo, acompañarme en todos mis descuidos, recordarme a diario lo que ya no elijo para mí.
  Darme más oportunidades para ser yo, ausente, serena o salvaje.






Diálogo

  "Estudiè letras y no sè qué significa la palabra bocacalle", anoche pensè éso mientras seguìa instrucciones para llegar a un lugar determinado, fuera de la ciudad. (EGO)
  A los segundos, me dije: "Pero sè bien què es el miedo y còmo enfrentarlo, asi que està compensado para mì". (ESPÌRITU)
  A algùn lado iba a llegar. No habìa por què preocuparse. No sè adònde voy, pero voy conmigo y eso es todo lo que quiero.


Propósitos

31/12/17


  Quiero desatender mi autoimagen y dejar de defender mi reputación, de controlar lo que el otro, con su correspondiente libertad, elige ver en mí. El mundo entero merece mi respeto. El yo es una creencia. Todo lo que es posible ser habita dentro de mí.
  Quiero dejar de considerar siempre a los mismos amigos y de obviar la opción de compartirme con personas que desnaturalizan la zona de confort de mi identidad. El mundo entero merece mi abrazo. La amistad es una creencia. Todos los seres humanos son posibilidades. 
  Quiero dejar el hábito de derrochar opiniones y quiero tener la consciencia suficiente para decirme siempre a mí misma las mismas cosas que, por negármelas, luego proyecto y acuso afuera. El mundo entero merece mi integridad. La ideología es una creencia. Veo el mundo como soy, aceptarme en él es imprescindible para amar la vida.
  Quiero dejar de identificarme de forma exclusiva con cualquier clan y de sobredimensionar la importancia que le corresponda. El mundo entero merece mi participación. La pertenencia es una creencia. La admisión de la tierra es la única que preciso para manifestar mi humanidad.
  Quiero dejar de colaborar con la guerra entre polaridades reforzando la realidad víctimas/victimarios y quiero abogar por la trascendencia de tal dualidad. El mundo entero merece mi misericordia. La moral es una creencia. No hay bueno y malo, hay decantación de amor y miedo.

  Toda causa tiene su consecuencia y toda consecuencia tiene su causa. Dado el avance de la historia y la inconsciencia con que la hemos transitado, toda causa puede ser una consecuencia y toda consecuencia puede ser una causa. Podemos pararnos todos en medio a discutir sobre cuál es una y cuál es la otra, y seguramente no estaremos todos de acuerdo, pero las dos cuestiones son inherentes entre sí. No es posible que una exista sin la otra porque se sostienen entre sí, sólo la integración habilita el siguiente nivel ¿Tiene sentido esta disputa?


Loba

  Me acosté cansada. Soñé que caminaba pocos metros junto a un lobo de mi misma altura, en línea recta. Llegamos a una curva y me miró transmitiéndome lo que seguía: él se detendría allí a observarme y yo tendría que caminar lentamente hasta llegar al límite de este tramo, sin mirar atrás en ningún momento, ni siquiera al terminar de dar los pasos necesarios. 
  Yo sabía que debía hacerlo, que estaba ahí para afrontar el inmenso miedo que me daba desconocer qué sucedería cuando me detuviera, y daba pasos. Sentía la fuerza de esa presencia bestial detrás de mí y me sentía cada vez más valiente. Cuando llegué al final, supe, como si siempre lo hubiese sabido, que ese lobo se lanzaría con toda su fuerza sobre mí, ingresando a través de mi espalda a mi interior.   Nos fusionaríamos. Se integraría a mí, al fin. Sonreí, feliz, emocionada, gloriosa, expansiva, casi libre. Aflojé cada parte de mi cuerpo, abrí mis brazos y cerré los ojos, entregada al devenir.
  Desperté.



Eras

  El vuelo de dos aves trazó la constelación de Piscis frente a mis ojos. No puedo cerrarlos desde entonces. Una era ha finalizado y la paciencia es el camino justo para quienes no aprendieron a elegirse. Yo soy mi elegida y de donde no puedo elegirme me levanto, impaciente, quemando a los jueces. Mi fuego se engendra en la muerte y no tiene sombra.




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25/12/17

Animales, bichos y plantas
se acoplan, humildes
al campo áurico

de la conciencia colectiva
No conozco a nadie
ha cambiado mi letra
y mi lente
Escribo que me conozco
desconociéndome
en quienes pude conocerme,
en escenas cotidianas
que sé viejas
al tiempo que lo nuevo
activa canales cuánticos
devela lenguajes puros
completa despertares
Los fractales de la araña,
tejedora geométrica
de sabiduría femenina,
dispersos en el suelo
en señal de expansión
de la negra y sagrada diosa
unifican los espejos
Sonidos, movimientos, tacto
sabores, colores, olores
sinestesia del mundo
perdonando el pecado
de la separación
El cuerpo humano
se acuesta sobre la tierra
un rayo de su sol lo atraviesa
formando una cruz
Terra Christa resucita
Nativitas ha abierto el portal
al Mundo Nuevo.



Los ojos de la lechuza

  Me ahogué otra vez ¡Lloré en mi bicicleta, en la que siempre canto y me río de mí, en la que cierro los ojos para la comunión de la brisa con mi piel cuando alcanzo cierta velocidad! Nunca había llorado subida a una de esas cosas preciosas con dos ruedas que me hacen tan feliz…
  Este atardecer, pasé por el campito perfumado (por no sé qué planta salvaje) que aprecio cada vez que regreso a casa, y estaban las lechuzas de siempre. Se posan, soberbias, sobre las puntas de los palos que cercan el terreno baldío y se vuelan cuando alguien pasa, recordándonos lo poco fiables que somos los humanos para la naturaleza. Me gusta pensar que son esfinges en el camino evolutivo de mi ser, eso parecen. Desear que no tomen vuelo cuando me acerco es un hábito al que nunca he considerado renunciar. Hoy tampoco. Vi la primera y la seguí con la mirada repitiendo mentalmente, sin parar, “notevayasnotevayasnotevayas…”, y se fue. Ya estoy acostumbrada a dejarlas ir, agradecida. 
  Mientras bendecía mis retinas la sabida retirada, mi trayecto visual se vio interrumpido por otra lechuza que estaba más cerca, sobre la punta de otro de los palos, completamente inmóvil ¡Qué dicha para esta simple humana que tantas veces había anhelado ese contacto! Evidentemente no tenía intenciones de marcharse, aunque las posibilidades de que lo hiciera seguían siendo muchas. Entonces, recordé que mi mente es la co-creadora de mi realidad y que si me enfocaba en considerar otras opciones, iba a abrir camino a otros posibles resultados. Así es que mandé mi intelecto y sus infinitos análisis a alguna sala silenciosa de mi conciencia y miré directo a los ojos de la criatura, sin dudarlo, para no desperdiciar un sólo segundo de la poquísima duración que seguramente tendría ese momento. 
  El recuerdo de aquella meditación en casa de Mita hacía semanas, en la que encontré una lechuza blanca como animal personal de poder, sumado a la profunda tristeza que había estado transitando hoy, me llevaron a transmitirle un sólo mensaje: “Ayudame…”. Se lo dije por dentro, desde muy adentro de mi corazón, con una desesperación que me venía reservando para no preocupar, sintiéndome contenida por la magia de esos esféricos ojos que abrían portales hacia mí misma. El bicho, hermoso, giró su cabeza hacia la derecha a una velocidad increíble y la volvió hacia el frente, dirigiendo sus ojazos hacia mí otra vez. Continuó sin moverse de su lugar, observándome sin distracción. Yo me alejaba en el rodado muy lentamente y ella rotaba su cabeza sin cortar nuestra conexión visual, hasta que decidí revisar hacia dónde estaba pedaleando y me brotaron las lágrimas. Sentí esas gotas mías abriéndose camino bajo mis ojos y la brisa encausando su destino, refrescando las húmedas líneas en mi cara. Emoción, conmoción, gratitud. Todo eso lloré sobre la bicicleta. 
  En pocos minutos, llegué a casa y me senté a escribir lo que saliera de mi cabeza, para desenredarme, para separar los pensamientos de las emociones y develar el sentimiento. El impacto de aquel contacto visual había activado un volcán en mi interior. Comencé a apuntar cosas como:
  No puedo salir…
  Me falta fuerza…
  No sé qué debo hacer…
  Me detuve con curiosidad y me leí, sorprendida ante la lista inconsciente de “no” que estaba plasmando. Recordé a Anita diciéndome: “Abrite al gran Sí de la vida”, que es aceptar que lo que es, es como es, ya que al experienciarlo desde un lugar de aceptación sí puede ser transformado. Ningún adicto supera la adicción sin antes aceptar que la tiene, por ejemplo. ¡Fue tan oportuno recuerdo (siempre lo es)! Tomé consciencia, estaba vibrando carencia, girando sin parar alrededor de lo que no es. Por supuesto, comencé a transformar mis expresiones sin alterar el contenido:
  Permanezco aquí (ya no es un problema no poder salir)
  Contemplo mi debilidad (ya no es un problema no tener fuerza)
  Puedo elegir (ya no es un problema no saber qué hacer)…
  Y seguí, seguí hasta que el hilo de afirmaciones me sacó de donde antes no podía salir. La mente es un laberinto en el que, tras perder la conciencia de dos de tus pasos, resulta muy fácil desviarse y muy difícil reconocer dónde era que estabas y hacia dónde era que te dirigías. Terminé trascendiendo la tristeza y decidiendo que haré lo que surja (caminar), sin preocuparme por el “qué (adónde quiero/puedo llegar)” que se esclarece en cuanto me ocupo del “cómo” (desde dónde quiero/elijo salir). La materia prima de la creación es la abundancia, no la carencia.

  03:33 a.m.

  Dedicado a Mita López y a Ana Colaut, por las valiosísimas herramientas espirituales que brindan a las personas.




Veo estrellas...

  Ahora que veo todas las estrellas, no puedo mostrarlas. Han caído sobre mi regazo, titilantes, silenciosas, maravillantes. Levanto la vista para compartirlas, pero nadie puede atender su luz. Hay mucha tarea, pendientes, toda la vida. Me quedo quieta, paciente, y lo comprendo. A veces lloro como bebé, otras juego como niña, otras actúo como adulta, pero sigo viendo todas estas estrellas en mi regazo cuando vuelvo a sentarme. 
  Me siento sola, y está bien. Me siento a mí misma, estando sola. Siento este silencio, veo estas estrellas. Y un día alguien más las verá, entonces podré marcharme sin ellas. Es que, a veces, no quiero verlas más


Desnudate para vos
alma
Aventá los egos
cuerpo



CONSCIENCIA

Tengo una fogata en el pecho que quiere incendiarme
Angustia que alzó temperatura y purifica
La ebullición constante del dolor pariendo llamas
La enfermedad del equilibrio duramente alcanzado
El sexo de la tierra en tiempo de ovulación
La bendición de quien elige quemarse vivo
ingiriendo las amarguras del camino más largo
manoseando palabras soberbias de bocas santas
transpirando los rayos del sol bajo la luna
renunciando a sí mismo



BRUJERÍAS

Sueño, soñando
situaciones que evoco cada día,
para mí.
Cuando mis sueños se cumplan
revolveré mi caldero.
Ojo de tormenta
Paso de hormiga
Boca de lobo
Jugo de vida



A la persona que piensa y siente

  Cuando acusás de putxs, gordxs, fexs, negrxs, vagxs, lacras, basuras, patoterxs, quilomberxs, fachos, hippies, mafiosxs, etc., a quienes piensan "diferente" a vos y expresás tu deseo de que no existan... ¿Te referís a nuestrxs hermanxs? ¿En serio? ¿Tu corazón te dicta eso?¿Odio y muerte?
  Porque si es así, date cuenta de que Macri nos está representando a la perfección. Yo quiero que deje la presidencia porque lo que genera me causa mucho dolor, otros quieren que lo haga porque el dolor que activa les despierta odio. Por distintas emociones, queremos que se vaya. Hay otros que quieren que se quede para regocijarse viendo sufrir o caer a grupos de su propia especie, y sucede tanto a nivel nacional como mundial. Con todos nuestros representantes se repite esta misma actitud colectiva, en mayor o menor medida. Queremos que se vaya porque es el espejo de la sociedad que hemos construido y (más difícil de digerir aún) de nosotros mismos. Nuestra sociedad siempre querrá que el/la presidente/a que sea que esté de turno se vaya. Ahora es Macri, antes fue Cristina (y vi a muchos extrañarla ahora, cuando antes la demonizaron) y han sido casi todos. 
  Actuamos como una sociedad inmadura, egoísta, irresponsable, soberbia, cruel, violenta, discriminadora y vendemos todo lo contrario. Exactamente así, juzgamos a nuestros representantes, estemos del lado de la histórica dualidad argentina en la que estemos. Y lo son, no caben dudas, porque así actuamos nosotros y nos rechazamos frente al espejo. Cuando nos asumamos, dejemos de castigarnos, culparnos, reprimirnos y nos permitamos amar al igual sin la excusa de que es diferente, tendremos un representante con estas virtudes. El que ponés en la vereda de en frente es tu reflejo, no es diferente a vos sino todo lo contrario. Te incomoda que encima lo manifiesta abiertamente y expone lo que tanto te ha costado combatir en vos, sin éxito. Duele, da bronca, es difícil aceptarlo, el ego se siente como caracol en la sal pero es el camino más noble, y el más sano para todos. Por donde hemos venido caminando hasta ahora, seguiremos sufriendo y odiando frente el espejo.
  Pero somos así a causa de los golpes que hemos recibido a lo largo de la historia. Somos todo aquello por encima, pero nuestra esencia es muy hermosa. Somos una mágica mezcla de culturas que lleva en la sangre el antídoto para el dolor, sólo hemos olvidado cómo usarlo. Sabemos proteger y trabajar la tierra, sabemos comunicarnos con el Cosmos a través de las vibraciones, cocinamos el amor en todos los calderos porque somos uno de los nidos de brujas/machis/chamanas más amorosas que ha parido la tierra. Nuestras ventajas frente al inconscientemente colectivo son muchas, y son inmensamente poderosas.

  ¿No tenés ganas de que ya sea distinto? 
  ¿No estás cansadx de la batalla infinita que nunca te trae paz y dicha?

  Salgamos a la calle y amémonos en cada una de las personas que se crucen en nuestro camino, como si fueran las células de nuestro cuerpo (y ciertamente, lo son). No lapidemos al que opina y desconoce, porque vos opinás y desconocés su historia. Pedile que te la cuente, contale la tuya. Encontrate con el otro, porque te necesita tanto como vos a él. Nos necesitamos todos.


TIEMPO DE DOLER

Me clavé una aguja de reloj en el pecho
No puedo sacármela
Es el tiempo de mi corazón
guiando el curso del dolor
No debo sacármela



"Una sola persona basta para desequilibrar a un mundo entero"


  Cada uno de nosotros es todo con todos. Se es el mundo entero con el sólo hecho de existir. Mientras yo o alguno de mis hermanos no esté en su eje, nadie podrá trascender la dimensión de la dualidad. Cuando otra persona se libera de algún temor, de algún dolor, de alguna limitación, el resto también comienza a soltar algo de sí mismo y accede a un escalón superior en los niveles de conciencia. Liberarme es ayudar al resto, y viceversa.

  Insisto, todo lo que existe en el mundo, existe en mí y en cada uno de nosotros. Cada cosa que no deseemos para el mundo, debe ser trabajada en uno mismo. Eso es suficiente para sanar el mundo. Cada uno debe hacerse cargo de sí mismo, completamente, porque cada uno es un pensamiento dentro de una gran conciencia colectiva. Y cada pensamiento en distorsión es una proyección múltiple de emociones inconscientes que sobrealimentan a mi ego y que lo llevan a tomar el poder de mi conciencia individual. Consecuentemente, la conciencia colectiva se convierte en una mente egoica, resistente a su evolución. Y soy responsable.

  "Responsabilidad" debe ser mi mantra.
  Todo lo que estoy viendo es el espejo.

  No debo perderme en el espejo, sino verme.
  No debo perderme en el espejo, sino verme.
  No debo perderme en el espejo, sino verme.


“Si no me das lo que quiero, no te amo más”: La indiferencia es violencia



  Responder ante una actitud inocente del otro con indiferencia, es una actitud esencialmente agresiva. Mi madre y yo nos relacionábamos así. Comenzó todo con mis más tempranas elecciones, en las que ella no supo acompañarme. No tenía el hábito de explicarme qué opciones tenía o qué prefería o consideraba ella que su hija debía elegir. En vez de eso, me castigaba con silencios y miradas de desprecio que yo sentía como látigos en mi pecho. Aunque me retractara, no me perdonaba el hecho de no haberla complacido. Tras esas devoluciones, me sumía en la angustiosa culpa y dedicaba horas, días y, finalmente, unos treinta años a tratar de adivinar qué era lo que ella realmente quería, qué había hecho yo tan malo para merecer semejante desamor. Sólo cuando necesitaba nuevamente algo de mí, dejaba de fingir que yo no existía. Así fueron moldeadas mi autoestima, mi personalidad, y la estructura del resto de mis relaciones. He dedicado mi vida a empatizar hasta sangrar, a descubrir por medio de malabares, experimentos y todo tipo de suposiciones qué quiere el otro, para no recibir el doloroso castigo de su indiferencia. Efectos inevitables en los hijos de una persona narcisista. Una dinámica relacional digna de manipulación, abuso y desigualdad. Una relación de amo y esclavo en la que no aprendí a discernir lo que quería para mí, sino a complacer.
  Mi madre hacía uso de mis servicios emocionales y energéticos para todo lo que puedan imaginar. Yo peleaba en contra del mundo entero para defenderla, desconociendo miles de cosas que ella había hecho para generar todas las acusaciones que recibía. Para mí ella era mi mundo, era lo más puro que había y no podían existir razones para no quererla. Si alguien las tenía, yo estaba lista para convencerlos de su equivocación. Pero en realidad, si mi madre hubiese usado todo el potencial que tenía para destruir, en construir lo que la hiciera feliz, yo no existiría. Inocentemente, defendía lo indefendible. 
  Yo limpiaba, acomodaba, hacía mandados, trámites. Casi siempre llevaba y buscaba a mis hermanos de fútbol, de la escuela y de donde estuvieran, hablaba con sus maestras, con sus profesores e iba a todas las reuniones. No recuerdo la última vez que ella me inscribió en la escuela, ya que en los últimos años lo hacía yo misma. Sí recuerdo haber entrado en un acto del día de la madre a cantar una canción para ella, y haber esperado en vano que llegara para apreciarla. No comprendía porqué no conseguía su amor, si yo siempre era el mejor promedio, entraba en todos los actos escolares, tenía asistencia perfecta a mis actividades, la ayudaba en la casa, lavaba mi ropa, estudiaba sola, le escribía muchas cartas, cuidaba a mis hermanos, y odiaba a mi padre (y a quien fuera su obstáculo) tanto como ella pretendía para que no se sintiera traicionada. Yo era el perrito que caminaba junto a ella ladrando a quien osara perjudicarla, y nunca era suficiente. Dar, dar, dar, hacer, hacer, hacer… Le entregaba toda mi energía masculina (acción, protección, providencia) a cambio de una gota de energía femenina (amor, guía, alimento) a cambio. 
  Ella cocinaba siempre de mala gana o yo debía hacerlo, no iba a mis actos porque “le hacían mal”, nos golpeaba (a mí y a mis hermanos) mucho en sus ataques de incontenible ira, gritaba todo el día quejándose de todo y tirando indirectas o insultando mientras golpeaba las cosas a su paso, hablaba muy mal de todas las personas que no satisfacían sus deseos. Pero cuando ella me contaba alguna experiencia dolorosa de su pasado, yo pasaba horas enteras en mi habitación llorando su dolor. El sólo hecho de imaginarla sufriendo era para mí el dolor más grande del mundo. Asi que no se me ocurría dejar de intentar satisfacerla, yo quería que olvidara todo su dolor. Aunque fuera muy niña, yo sentía que todas sus manifestaciones eran hijas del dolor. Soportaba mucho eso porque era la única forma de dar algo que ella tenía, pero cuando me agotaba, me acercaba a mi padre (al que debía odiar) y al regresar de compartir con él, recibía durante tiempos tortuosos, los habituales castigos: indiferencia, desprecio, desamor. 


  Mi padre era adicto al trabajo y pocas veces dormía en casa, seguramente era su forma de escaparse de mi madre. Su casi permanente estadía en la panadería era mi beneficio a la hora de correr y aislarme para respirar. Mi padre era sumamente exigente, lo que yo hiciera nunca era suficiente. Mis iniciativas nunca eran viables para él, no les veía la posibilidad de éxito. Y nada de lo que otro hiciera podía hacerlo mejor que él, es algo que se encargó de hacernos sentir a todos. Su frustración era tan inmensa, que no podía tener esperanzas de que alguno de sus hijos pudiera conocer un camino de éxito. Pero al mismo tiempo, a veces quería cambiar el mundo. Alternaba permanentemente entre la utopía y la frustración. A veces me exigía de forma brusca que dejara de pensar sandeces y saliera con mi lanza a cazar injusticias y otras desvalorizaba mis más inspirados pasos. Cuando no sucedían estas cosas, trabajaba. Y esas cosas eran la esencia del 10% de mi vínculo con él. El otro 90% no existía, porque él trabajaba. Mi padre no supo nunca los segundos nombres nuestros, ni nuestras fechas de cumpleaños, ni el grado al que pertenecíamos en la escuela, y a veces confundía nuestros nombres y perfiles. Tampoco nos escuchaba, pero hablaba hasta el hartazgo. Nunca me dio la razón en nada. Jamás. Y cuando yo solía buscar complicidad con él frente a los actos de mi madre, el me decía: “entiéndanla a su madre, ha sufrido mucho, la han golpeado mucho de chica”. Pero a él también lo habían golpeado mucho, también había sufrido mucho y todo eso. No podía encontrar la lógica de lo que sucedía a mi alrededor. Llegada mi adolescencia, me permití la rebeldía y desde entonces comencé a romper lo insoportable de todas las formas que tenía a mano. Algunas cosas empezaron a cambiar muy lentamente. 
  Ahora sé que mi madre se comportaba como una persona narcisista, aunque a veces hacía el intento de dar algo con autenticidad y lo lograba (tengo mi lista de cosas hermosas para recordarla). Y sé que mi padre estaba muerto en vida la mayor parte del tiempo, aunque a veces sus sueños se activaban desesperadamente (siempre he admirado sus ideales). Los honro a ambos, que ya no están conmigo. Porque gracias a mi madre desarrollé tanto la empatía y gracias a mi padre la autosuperación. El lado negativo de mi relación con ellos es que el sentimiento constante de insatisfacción, ha causado en mí un trastorno de ansiedad que me ha llevado a adquirir hábitos adictivos, en distintos momentos de mi vida. Tengo una mente adicta que he tapado ocasionalmente con información, con alcohol, con exigencia, con Yoga, con Reiki, con sexo, con actividades, con nicotina, mordiendo mis uñas, con comida y con relaciones tóxicas. Éstas últimas han sido mi mayor fuente de aprendizaje. He caído más de una vez en relaciones violentas y en brazos de asombrosos piscópatas narcisistas. He pasado mi vida buscando a mi madre, y sobreviviendo a encontrarla. 
  Estoy a días de cumplir mis 33 años, la edad que tenía mi madre cuando yo llegué al mundo. He trabajado mucho en mí este tiempo (intensivamente desde los 27 años), cruzando innumerables infiernos internos. Salud por todo el fuego. Renuncio oficial y rotundamente a la adicción. Nazco de nuevo, pero a consciencia. Ya no tengo ni preciso padres para conocer este nuevo mundo que construiré. Esto es parirme a mí misma. Soy mi energía masculina y mi energía femenina, fluidas e inagotables. Ya no necesito satisfacer a nadie, soy suficiente para mí misma. Ya no me compartiré con personas que se relacionen a través de extorsiones, castigos, manipulación, ni demandas. No respondo a nadie lo que desea escuchar, ni doy a quien no sabe recibir. No doy segundas oportunidades a nadie más que a mi hijo, mientras se aprende a sí mismo. Todas las demás, las conservo para mí, para mi proceso interno de sanación.


GOZAR

Díganme de dónde se nos viene la noche
que le abro mis piernas
para que engendre en este útero
estrellas
No insistan con las pálidas
que pálida es la luna
y se gusta bien como se ve.
¿Probaron con gozar?


Sobre el perdón

  El perdón no existe, es sólo una herramienta de manipulación emocional. No necesitás que nadie te perdone, solo necesitás aceptarte, ser consciente de vos y esquivar la culpa que te genera necesidad de ser perdonado.Si lográs verte instantáneamente afectando al otro con un acto prescindible, simplemente evitás la repetición de éste.
  El pedido de disculpas es el aviso formal de que ya no necesitás el perdón porque te has entendido con vos mismo luego de haberte sentido culpable. No hay expectativas si el gesto es sincero. Pero si te disculpás y la desaprobación del otro te afecta, es porque usaste dicho gesto para manipular, sin realmente haberte aceptado.



DISOLUCIÓN

Ya no me miento
nada irreal existe
No hay luz en tu calma
Las células de tus manos y tu voz
descodifican la escena con lucidez
No hay verdad en tus palabras
supe desear escucharlas
has sabido elegirlas
Las libero en un brindis silencioso
como pájaros de paz
Sacralizo tu identidad
sombra maestra de mi experiencia
huella ancestral de polaridad pendiente
Sonrío cortando la cinta e inauguro mi alma
Agradezco la expansión a lo alto
Qué lindo se siente mi cuerpo
El humo desciende al núcleo de la tierra
La historia desaparece
Nunca te he nombrado
No has sucedido



Nadie es imprescindible

  Hace mucho tiempo siento incómodo que me digan que me extrañan. Yo no extraño. Discúlpenme, o discúlpense a ustedes la expectativa. Entre los hábitos complacientes que trabajo para liberarme está el de responder "yo también" cuando alguien dice haberme extrañado. Voy a disolverlo del todo hoy. Quien vive en el presente no extraña porque no está en un lugar mental que no sea el ahora. Los amo, sí, incluso cuando proyecto emociones negativas en ustedes, porque amo al ser humano, porque amo la vida y a todo lo que es. Pero no los extraño. A veces deseo verlos, compartirme/los, pero es un deseo nuevo cada vez que es. No es un deseo basado en la carencia. Cuando los veo, los disfruto, vivo la dicha que me generan, y esos sentimientos no se terminan cuando ustedes se retiran de mi lado. Al contrario, nutren mi bienestar y me permiten amarme a mí misma en soledad también.
  Todos somos importantes pero nadie es imprescindible. Necesitamos compartir energía, esencia, no identidades. Necesitamos compañía para crecer, pero no dependemos de algún individuo determinado. Por eso creo importante concienciar que somos porque todos son, porque la especie y el Universo nos hacen células colaboradoras. Si una célula de mi cuerpo muere, el cuerpo sigue funcionando. Somos parte de un gran todo, pero nadie es todo para alguien (aunque así lo crean o nos lo expresen). 
  Todos pueden vivir sin alguno de nosotros y nosotros podemos vivir sin algún otro. Incluso si ese otro es nuestro hijo. Aunque el dolor sea incomparable, podemos. Más tarde o más temprano. De hecho, son cosas que han terminado de enseñarme eventos tales como la partida de mi hija y de mis padres. Y las agradezco.
  Vivamos el presente, eso es el amor para mí.




Abajo el deber ser

No te obligues a ser feliz. No es obligación ser feliz. 
Es mentira que un día sin sonreír es un día perdido, un día perdido es un día sin ser vos mismo/a.
Sé lo que te dé la gana, ésto te llevará a sentirte en paz con vos mismo/a, y sentirte en paz con vos mismo/a te llevará a no obstaculizar la felicidad de los/as demás. Entonces los/as demás también podrán tener paz y ésto los/as llevará a no obstaculizar tu felicidad. Y así todos/as serán felices.
No podemos sentirnos felices si no nos sentimos en paz, y no podemos sentirnos en paz si no nos sentimos libres.



Amar es sacralizar

Cuando era muy chiquita, leía por ahí que las personas podemos viajar con nuestra mente adonde se nos antoje. Nunca lo dudé y , gracias a eso, el vaporcito del mate me lleva de viaje...
Alguien se mueve a mi alrededor sosteniendo la dualidad necesaria para que yo, desde mi aparente quietud, ame la identidad en transformación del agua, la ascendente opacidad del proceso contrastada por la luz del sol y el aire que dirige tan etérea danza...
Amar es contemplar la absoluta sacralidad de todo aquello que es, tal como es.



Sincera conmigo

No paro de verme. No dejo de verme en todo, en todos.
Cierro los ojos para descansar a veces y no importa. no dejo de verme en todo, en todos. Todo habla de mí, de lo que estoy siendo, de cómo lo estoy haciendo. No lo puedo detener, no paro de verme. Llegan a mí una a una las palabras que antes rechacé. Callo, escucho. Pregunto y descubro. Todos tenemos razón, nadie se equivoca. Todos tenían razón, ojalá todos lo supieran. Entiendo, integro. A veces me agoto, lloro, duermo, sueño. Despierto y traduzco, desarmo e improviso. Conozco lo desconocido. A veces agota. Agota. También alegra, mucho. Mucho... Nunca había sido tan sincera conmigo.


Mi presente

Mi presente es el mejor. Mi pasado y mi futuro están contenidos en él. Puedo transitar eternidades agradeciendo la imposibilidad de encontrar la manera de definir lo que ojalá nadie jamás pueda explicar. Ojalá el secreto siga bajo llave, ojalá el misterio nunca pueda develarse fuera del corazón.
No sé cómo es la vida, pero la siento impregnándolo todo. No necesito palabras de amor, porque el amor me habita. No tengo idea de cómo se resuelven los problemas, pero los observo hasta que dejan de ser tal cosa. No paro de encontrarme en cada persona a mi alrededor.La sacralidad absoluta de cada segundo en esta dimensión expande mi espíritu.



SACRALIZADA

(A mi madre, a 20 meses de su fallecimiento)

Te vi en mi cuerpo
sentí tus horas
tu tiempo escalonado
codificado en curvas
Noté tus yemas
como gotas
colgando de mis dedos
sin caer 
ni mojar
suspendidas en el deseo del descenso.
Seguí tus ojos hasta mí
y logramos el encuentro



DE SU ESPALDA



No quisiera parecerme a los enredos
que sumergen hilos tensos en el agua
y se envuelven en la danza del vapor
Caigo estéril en la cama del almuerzo
si me subo a mi cabeza
No me pidan más esbozos del circuito del perdón
No me importan los anzuelos ni les temo
veo saltos en la paz de la llanura
redes secas con espejos que no mienten
que disuelven cada nunca, cada siempre
y hacen puentes de mi cuerpo
a la luna de su espalda



El camino...

Cuando soy pesimista, soy la mejor.
Cuando soy optimista, soy la mejor también.
Pero no quiero ser ninguna de las dos cosas.
En eso no soy la mejor, y es ahí que está el camino,
donde no es fácil y no hay reconocimiento.


CAFÉ

Qué ganas de que sepas que ésto es para vos
Qué miedo de que creas que no lo es

No sé del vértigo correcto
¡¿Qué hacen tus ojos en mi taza?!
Regué la tierra con agua caliente y estás de nuevo acá
Anteayer te sentí
querías compartir este candor casi olvidado
Qué ganas de mirarte
qué miedo de mirarte
No pude hacerlo y traje tus ojos buenos a mi café
Anteanoche te soñé
querías decir lo que no puede ser dicho ahora
Qué ganas de escucharte
Qué miedo de escucharte
Inventemos pared y silencio
y que el tiempo prosiga.
Nunca antes bebí tanto café
¿cómo haré para dormir?




Números

  Anoche, como ya me había sucedido días antes, al observar las cosas a mi alrededor, detecté una especie de red que todo lo abarcaba. Era como si me hubiese colocado lentes con un filtro de red y todo lo que observaba estaba cubierto por ésta. Tenía movimiento, como si fueran diminutísimas luces que se prendían y se apagaban constantemente. Hasta ese mismo punto llegó la misma experiencia la vez anterior. 
  Esta vez la situación fue más extensa. Primero me pareció que eran como píxeles, pero en el mismo instante en que me pregunté qué era exactamente, mi mente hizo un zoom y pude ver este fenómeno detenidamente, muy de cerca. Eran números. Infinitas series de líneas y filas de números encolumnados, en movimiento constante y tenían la misma apariencia que los de la máquina de escribir. Permanecí quieta, muy quieta, temiendo perder la fortuna de continuar viendo lo que veía. Entonces, noté que una de las columnas no era como todas las demás, tenía los colores verde y rojo. Eran filas intercaladas, fila roja, fila verde, fila roja, fila verde, etc. Y cada una giraba dentro de esta gran columna hacia lados opuestos, ïzquierda o derecha. Las filas rojas estaban repletas de números cero y giraban a la izquierda y las verdes de números uno que giraban hacia la derecha. Cerré mis ojos con fuerza y volví a abrirlos varias veces, y el espectáculo continuaba allí, envolviéndome. 
  No estaba soñando, no había ingerido nada, no había excusa que explicara algo de todo ésto. Pero de repente, la imagen cambió. Ví una "escena", por llamarlo de algún modo, compuesta por objetos cotidianos totalmente suspendidos en el aire, otros posando sobre cosas (debido a la lógica gravedad que experimentamos) y otros elementos en natural movimiento. Como si realidades con tiempos diferentes convivieran (mi intelecto cree que lo hacen, dicho sea de paso) y yo pudiera observarlas suceder simultáneamente. Luego todo se esfumó, estaba muy desconcertada pero el gran cansancio que sentí me hizo dormir. 
  Sentí que había estado dentro de una computadora, o que había ingresado a mi mente cuando tenía diez años y estudiaba el código Ascii, o que estaba a punto de sufrir un ACV (todavía considero esa opción). No supe bien que pensar, a pesar de ver y sentir con alta lucidez. Aún no lo sé, pero preciso abrir estas puertas...


El atardecer de mi amor



  Hoy, mientras me daba una maravillosa ducha, comprendí que hace ratos alguien no está siendo sincero conmigo, o terminé de asumirlo, mejor dicho. Venía sintiéndolo hace un tiempo, y hoy mi voz interior me lo confirmó. El sentimiento fue muy hermoso y, mucho más, sorprendente. Hace tiempo que la siguiente idea rondaba mi cabeza y hoy atravesó mi pecho. Comprendí de forma amorosa (antes lo había entendido de manera razonable) que cuando una persona se reúne con otra para decir de mí cosas que no puede decirme a mí misma, lo hace porque no ha conseguido aún decirse esas cosas a sí misma. Y rememoré las incontables veces que hice los mismo con tantas otras personas. 

  Qué interesante fue tener noción actualizada de lo mucho que me ha costado decirme a mí misma todo aquello que he necesitado decirme. Y ahí está la clave: lo he necesitado, ha sido pura necesidad. Mi inconsciente lo evidenciaba, mi alma lo pedía, y por algún lado debía dejarse salir. Ese comportamiento me trajo hasta acá, a decirme hoy que lo que veo en otro es mío ¡Y lo bendigo profundamente! Oh, qué inmensamente sagrado es el camino de cualquiera… 

  Qué impagable fortuna es tener gente mostrándome constantemente quien soy, de dónde vengo, y lo que puedo elegir. Esta persona en cuestión, con su accionar me relata que soy consciente, que vengo de esto que estoy contemplando en ella, y que elijo amorosamente hacerme responsable del reflejo. Y en esta inmensa gratitud que emano por habilitar este aprendizaje en mí, me entrego a seguir permitiendo que se siente con quien necesite y cada vez que lo necesite a decir lo que necesite decir de mí. Hoy descubrí el inmenso honor de servirle para llevar a cabo su experiencia personal, sin que mi ego justifique el juicio a través de diversos factores.

  No deseo hacerle saber a dicha persona que me dí cuenta de lo que hace, no deseo que sienta culpa por hacerlo, no deseo que deje de hacerlo, no me preocupa que su oyente sepa que no es mi verdad la que escucha, ni deseo cortar mi vínculo con ella por esta causa. No hay nada malo en esto, ni en muchas otras cosas que solían parecerme importantes. No hay peligro, no hay nada que temer. Y la ausencia de miedo ha enaltecido el evento. No sólo no me duele, sino que me sirve para amarme en su ser. Ya no es que me sirve para crecer, como he visto tantas experiencias siempre, sino que me permite amarme a mí misma en su propio proceso. Ahora, además de amarme a mí misma en mi propio camino, otro me ha brindado la posibilidad de amarme más de lo que estaba haciéndolo, convirtiéndose como en una extensión de mí. Como si yo fuese un envase que llené de amor y que se quedó sin espacio libre, entonces otro ser me cedió parte de su envase para depositar más de mi amor allí.

  Hoy trascendí la idea de “amor propio” y sentí un amor mayor, que no discrimina cuidadosamente personas, eventos, contextos, para mantenerme “vibrando alto”, sino que ama en todos aquellos escenarios en que mi ego no puede amar. Es en todo, expansivamente. Es de todos, incondicionalmente. He estado aprendiéndolo por partes. El amor propio es un escalón humano que necesitamos pisar para llegar a amarnos en todos, y afortunadamente no es el último. Leí ésto, lo intelectualicé y lo expresé mil veces buscando integrarlo, hoy entró de lleno en mi corazón. Gracias.


A CAPILLA DEL MONTE

Mater amorosa
he llorado con tus hierbas

de rodillas, sobre tu tierra
asustada del silencio de tus cerros
Me he acurrucado, triste
y he entregado mi herida al monte
invocando a Taykhuma humildemente
Me has obsequiado luz
y empujado hacia el vacío
desarmada y protegida
hasta verme dar el salto
que ya dieron mis hermanos
Viajarás en mí, alma machi
me has sanado




MUJER MARIPOSA

La niña que perseguía mariposas
abordaba naves espaciales desde el árbol
Era la guardiana del olivo
y llevaba la cuenta de las rosas en el rosal
Mucha luz en el detalle

Salieron dos lunas y eclipsaron la siesta

La mujer mariposa
árbol
olivo
rosal




CÍRCULO DE MUJERES

Manifiesta en la ternura que da la tierra, 
entregada a la fuerza que enseña el viento
protejo el beso del agua.

Sopla memoria de hombre el oro

y protege nuestro círculo ancestral
su común unidad de ángulos rectos.



Una comunión polar de fuegos
cubre y sana al cuerpo del mundo.