SACRALIZADA

(A mi madre, a 20 meses de su fallecimiento)

Te vi en mi cuerpo
sentí tus horas
tu tiempo escalonado
codificado en curvas
Noté tus yemas
como gotas
colgando de mis dedos
sin caer 
ni mojar
suspendidas en el deseo del descenso.
Seguí tus ojos hasta mí
y logramos el encuentro



DE SU ESPALDA



No quisiera parecerme a los enredos
que sumergen hilos tensos en el agua
y se envuelven en la danza del vapor
Caigo estéril en la cama del almuerzo
si me subo a mi cabeza
No me pidan más esbozos del circuito del perdón
No me importan los anzuelos ni les temo
veo saltos en la paz de la llanura
redes secas con espejos que no mienten
que disuelven cada nunca, cada siempre
y hacen puentes de mi cuerpo
a la luna de su espalda



El camino...

Cuando soy pesimista, soy la mejor.
Cuando soy optimista, soy la mejor también.
Pero no quiero ser ninguna de las dos cosas.
En eso no soy la mejor, y es ahí que está el camino,
donde no es fácil y no hay reconocimiento.


CAFÉ

Qué ganas de que sepas que ésto es para vos
Qué miedo de que creas que no lo es

No sé del vértigo correcto
¡¿Qué hacen tus ojos en mi taza?!
Regué la tierra con agua caliente y estás de nuevo acá
Anteayer te sentí
querías compartir este candor casi olvidado
Qué ganas de mirarte
qué miedo de mirarte
No pude hacerlo y traje tus ojos buenos a mi café
Anteanoche te soñé
querías decir lo que no puede ser dicho ahora
Qué ganas de escucharte
Qué miedo de escucharte
Inventemos pared y silencio
y que el tiempo prosiga.
Nunca antes bebí tanto café
¿cómo haré para dormir?




Números

  Anoche, como ya me había sucedido días antes, al observar las cosas a mi alrededor, detecté una especie de red que todo lo abarcaba. Era como si me hubiese colocado lentes con un filtro de red y todo lo que observaba estaba cubierto por ésta. Tenía movimiento, como si fueran diminutísimas luces que se prendían y se apagaban constantemente. Hasta ese mismo punto llegó la misma experiencia la vez anterior. 
  Esta vez la situación fue más extensa. Primero me pareció que eran como píxeles, pero en el mismo instante en que me pregunté qué era exactamente, mi mente hizo un zoom y pude ver este fenómeno detenidamente, muy de cerca. Eran números. Infinitas series de líneas y filas de números encolumnados, en movimiento constante y tenían la misma apariencia que los de la máquina de escribir. Permanecí quieta, muy quieta, temiendo perder la fortuna de continuar viendo lo que veía. Entonces, noté que una de las columnas no era como todas las demás, tenía los colores verde y rojo. Eran filas intercaladas, fila roja, fila verde, fila roja, fila verde, etc. Y cada una giraba dentro de esta gran columna hacia lados opuestos, ïzquierda o derecha. Las filas rojas estaban repletas de números cero y giraban a la izquierda y las verdes de números uno que giraban hacia la derecha. Cerré mis ojos con fuerza y volví a abrirlos varias veces, y el espectáculo continuaba allí, envolviéndome. 
  No estaba soñando, no había ingerido nada, no había excusa que explicara algo de todo ésto. Pero de repente, la imagen cambió. Ví una "escena", por llamarlo de algún modo, compuesta por objetos cotidianos totalmente suspendidos en el aire, otros posando sobre cosas (debido a la lógica gravedad que experimentamos) y otros elementos en natural movimiento. Como si realidades con tiempos diferentes convivieran (mi intelecto cree que lo hacen, dicho sea de paso) y yo pudiera observarlas suceder simultáneamente. Luego todo se esfumó, estaba muy desconcertada pero el gran cansancio que sentí me hizo dormir. 
  Sentí que había estado dentro de una computadora, o que había ingresado a mi mente cuando tenía diez años y estudiaba el código Ascii, o que estaba a punto de sufrir un ACV (todavía considero esa opción). No supe bien que pensar, a pesar de ver y sentir con alta lucidez. Aún no lo sé, pero preciso abrir estas puertas...


El atardecer de mi amor



  Hoy, mientras me daba una maravillosa ducha, comprendí que hace ratos alguien no está siendo sincero conmigo, o terminé de asumirlo, mejor dicho. Venía sintiéndolo hace un tiempo, y hoy mi voz interior me lo confirmó. El sentimiento fue muy hermoso y, mucho más, sorprendente. Hace tiempo que la siguiente idea rondaba mi cabeza y hoy atravesó mi pecho. Comprendí de forma amorosa (antes lo había entendido de manera razonable) que cuando una persona se reúne con otra para decir de mí cosas que no puede decirme a mí misma, lo hace porque no ha conseguido aún decirse esas cosas a sí misma. Y rememoré las incontables veces que hice los mismo con tantas otras personas. 

  Qué interesante fue tener noción actualizada de lo mucho que me ha costado decirme a mí misma todo aquello que he necesitado decirme. Y ahí está la clave: lo he necesitado, ha sido pura necesidad. Mi inconsciente lo evidenciaba, mi alma lo pedía, y por algún lado debía dejarse salir. Ese comportamiento me trajo hasta acá, a decirme hoy que lo que veo en otro es mío ¡Y lo bendigo profundamente! Oh, qué inmensamente sagrado es el camino de cualquiera… 

  Qué impagable fortuna es tener gente mostrándome constantemente quien soy, de dónde vengo, y lo que puedo elegir. Esta persona en cuestión, con su accionar me relata que soy consciente, que vengo de esto que estoy contemplando en ella, y que elijo amorosamente hacerme responsable del reflejo. Y en esta inmensa gratitud que emano por habilitar este aprendizaje en mí, me entrego a seguir permitiendo que se siente con quien necesite y cada vez que lo necesite a decir lo que necesite decir de mí. Hoy descubrí el inmenso honor de servirle para llevar a cabo su experiencia personal, sin que mi ego justifique el juicio a través de diversos factores.

  No deseo hacerle saber a dicha persona que me dí cuenta de lo que hace, no deseo que sienta culpa por hacerlo, no deseo que deje de hacerlo, no me preocupa que su oyente sepa que no es mi verdad la que escucha, ni deseo cortar mi vínculo con ella por esta causa. No hay nada malo en esto, ni en muchas otras cosas que solían parecerme importantes. No hay peligro, no hay nada que temer. Y la ausencia de miedo ha enaltecido el evento. No sólo no me duele, sino que me sirve para amarme en su ser. Ya no es que me sirve para crecer, como he visto tantas experiencias siempre, sino que me permite amarme a mí misma en su propio proceso. Ahora, además de amarme a mí misma en mi propio camino, otro me ha brindado la posibilidad de amarme más de lo que estaba haciéndolo, convirtiéndose como en una extensión de mí. Como si yo fuese un envase que llené de amor y que se quedó sin espacio libre, entonces otro ser me cedió parte de su envase para depositar más de mi amor allí.

  Hoy trascendí la idea de “amor propio” y sentí un amor mayor, que no discrimina cuidadosamente personas, eventos, contextos, para mantenerme “vibrando alto”, sino que ama en todos aquellos escenarios en que mi ego no puede amar. Es en todo, expansivamente. Es de todos, incondicionalmente. He estado aprendiéndolo por partes. El amor propio es un escalón humano que necesitamos pisar para llegar a amarnos en todos, y afortunadamente no es el último. Leí ésto, lo intelectualicé y lo expresé mil veces buscando integrarlo, hoy entró de lleno en mi corazón. Gracias.


A CAPILLA DEL MONTE

Mater amorosa
he llorado con tus hierbas

de rodillas, sobre tu tierra
asustada del silencio de tus cerros
Me he acurrucado, triste
y he entregado mi herida al monte
invocando a Taykhuma humildemente
Me has obsequiado luz
y empujado hacia el vacío
desarmada y protegida
hasta verme dar el salto
que ya dieron mis hermanos
Viajarás en mí, alma machi
me has sanado




MUJER MARIPOSA

La niña que perseguía mariposas
abordaba naves espaciales desde el árbol
Era la guardiana del olivo
y llevaba la cuenta de las rosas en el rosal
Mucha luz en el detalle

Salieron dos lunas y eclipsaron la siesta

La mujer mariposa
árbol
olivo
rosal




CÍRCULO DE MUJERES

Manifiesta en la ternura que da la tierra, 
entregada a la fuerza que enseña el viento
protejo el beso del agua.

Sopla memoria de hombre el oro

y protege nuestro círculo ancestral
su común unidad de ángulos rectos.



Una comunión polar de fuegos
cubre y sana al cuerpo del mundo.






ENHORABUENA

Es claro
debería ser fácil
Soy una hija del orgullo
quiero divorciarme de él
El sol en mi espalda
la sombra en frente de mí
esperan mi siguiente paso
Los rosales florecieron y es agosto
Enhorabuena





Ocupar el lugar de tu alma

  Quizá una de las maneras más efectivas de ejercer la libertad que nos habita es mantenernos conscientes de que construimos cárcel cada vez que elegimos no ser por miedo a dejar de pertenecer.
  Que la aceptación no nos cueste el alma.
  Si tus padres no te aceptan, recordá que no son autoridad alguna ante tu desarrollo espiritual, sino sólo quienes sostuvieron el puente que te permitió llegar a esta vida. Es donde pisás y donde respirás que están tus verdaderos padres; el cielo y la tierra, los que sí te han aceptado tal y como sos desde el principio del principio. Pediles a ellos guía y protección, alimento y amor. Pueden dártelo porque en ellos abunda lo que necesitas para crecer en este Universo que es tu hogar. Los que hasta ahora has creído tus padres son seres humanos iguales a vos en miedos y sueños, también perdidos de sí buscando aceptación externa.
  Si lográs trascender esta necesidad agobiante de ser quien ellos exigen que seas, lo demás será más sencillo. A partir de allí, tené en cuenta que casi todo tu mundo funciona igual a tu alrededor (trabajo, amistades, relaciones), en mayores y menores medidas que dependerán de lo que hayas construido en base al miedo a lo largo de los años.
  Este sobre-esfuerzo de querer ser lo que no se es, es lo que hace que vivamos una realidad de desamor, en la que ningún alma está ocupando el lugar que ha elegido, y empezamos a involucionar buscando atrás, desesperadamente y convertidos en miedo, algún punto del proceso en el que sí teníamos idea del camino. Pero hay un bosque que rodea al árbol y cuando conseguimos reconocerlo y descubrimos que el cielo y la tierra nos ayudan, liberamos nuestra esencia.
  La única manera de no ser miedo, es ser amor, y ser amor es ser uno mismo y nada más que eso. Ese es nuestro único propósito. Lo demás es misión del Universo. No habilites a nadie para evaluar el lugar de tu alma.


La mosca

  No te sorprendas de que ande haciendo todo aquello que tu yo suponía que mi yo no haría. Lo ideal es no gustar y descubrir si entonces continúo gustándome.
  Ojalá te ames, porque en estos momentos puedo convertirme en la mosca de tu vida: defecando natural e inocentemente sobre cosas que mucho te importan, sólo para recordarte que nada realmente importa.


Nada puede ser creado



  Nada de lo que sucedió antes de hoy, sucedió antes de hoy.
  Será mejor que no sepamos nada.
  No puedo mostrarles nada.
  Nada existe, aunque piensen y crean que lo pensado existe.
  Yo tampoco soy real.
  Dejen de pensarme todos y desapareceré del plano.
 Anhelamos estar en el pensamiento de otras personas para asegurar nuestra existencia. Por eso escribimos, aconsejamos, educamos, intervenimos, forzamos sociedades y abogamos por el desarrollo y la permanencia. Creemos que enfocándonos en la supervivencia y la reproducción tendremos tiempo y reencarnaciones suficientes para despertar todos y trascender. Pero si toda la humanidad dejara de pensar al mismo tiempo, todos nosotros, junto a todo lo que hemos proyectado en esta dimensión, desapareceríamos. La ilusión acabaría instantáneamente y sabríamos que no somos, ni hay, luz ni oscuridad. La creencia de que somos luz es otra creencia adaptada a las nuevas y evolucionadas necesidades del ego, que siempre escapa a la renuncia.
  El silencio detiene la mente
  El olvido libera al ego.
  El pensamiento proyecta todo, no lo crea.
  El día de la creación no ha sucedido.
  No somos creadores, lamento decepcionar.
  Nada puede ser creado.


Punto de ruptura


  Un día, un adorno con forma de elefante que me gustaba mucho, cayó al piso y se partió en dos pedazos. Segundos después de casi caer yo en el hábito acostumbrado de lamentarlo, entendí que si ese objeto se rompió, algo dentro de mí buscaba lo mismo. Entonces decidí disfrutarlo y terminar la tarea de mi inconsciente tomando los dos trozos del suelo y dejándolos caer otra vez desde un nivel más alto que mis manos, con la naturalidad de su propio peso. Una vez que cayeron dividiéndose en más partes, tomé éstas de nuevo y continué repitiendo el acto hasta que ya no pude levantar las diminutas piezas dispersas a mis pies. Instantáneamente, lloré, unos segundos y tras ese llanto el elefante pasó al olvido. Fue barrido y tirado a la basura como cualquier otra cosa.
  El secreto de la trascendencia está en el punto de ruptura, siempre. Todo el que insista en conservar cualquier cosa, permanecerá en una lucha.


Escritora

  Soy escritora. A veces necesito decírmelo. Muchas veces, a decir verdad. Soy más escritora de lo que lo que me sé reconocer. Soy escritora incluso cuando niego que lo soy a causa de eventuales descensos de autovaloración. Soy escritora porque podría escribir sin manos ni pies, incluso sin mi cuerpo físico. Soy escritora porque escribo normalmente y también lo hago maneras inusuales.
  Escribo las palabras que las personas dicen mientras las pronuncian frente a mí. Las escucho atentamente, una por una, y las repito mentalmente de forma lenta. Primero las repito en el orden en que fueron pronunciadas para mí (la oración o la frase entera), luego repito por separado el sujeto del predicado (siempre que estén ambos), las cambio de orden según su extensión y posteriormente desarmo cada palabra de cada grupo por sílabas y las vuelvo a armar de diferentes maneras… jugando. Las re-ordeno siempre de formas simétricas (esto es ley), teniendo en cuenta consonantes que son altas/bajas/delgadas/anchas, vocales abiertas o cerradas, y la musicalidad con que estas combinaciones parezcan sonar en mi cabeza. Si no me convence el primer resultado, lo desarmo y lo re-armo nuevamente, hasta sentir que no puedo perfeccionar más la belleza de tal construcción.
  No sé responder con certeza la pregunta que suelo hacerme respecto de este hábito: “¿Cómo me alcanza el tiempo para hacer todo esto mientras alguien me habla, sin dejar de prestarle atención, sin perderme una palabra y sin necesitar que me repita nada?”. Lo que supongo es que mi cerebro delega tareas a sus distintas áreas y funciona realizándolas a todas juntas al mismo tiempo, en alguna dimensión de no-tiempo (lineal, al menos). Porque cuando doy fin a este juego de combinaciones tras haber elegido la estructura que más me ha simpatizado, también he alcanzado ya el entendimiento necesario de lo escuchado para responder lo que pienso al respecto (si es que el otro solicita una devolución de mi parte) y también la consciencia para saber que eso que estoy diciéndole al otro también estoy diciéndomelo a mí. De hecho, mientras hablo mi respuesta, visualizo las situaciones en que debo aplicar en mí lo que digo y además reviso porqué.
  Soy escritora porque las letras me llevan constantemente a escribirme y re-escribirme a mí misma, aunque no toque una lapicera o una computadora durante meses enteros y me pierda en el mundo de lo que no puede ser nombrado. En ese lugar acallado que me vacía para liberarme de las creencias, etiquetas y certezas que planean (y nunca podrán) limitarme del todo. Amo las palabras, y las amo con libertad. Se van de mí en ocasiones, y vuelven siempre sin lastimarme. Las amo tanto que he llegado a odiarlas y he vuelto a ellas con la mayor devoción.
  En ocasiones, me sucede que escucho alguna palabra y todo en mí se detiene. No existe  más que esa palabra mágica, escrita de la forma más prolija y equilibrada que existe, con las proporciones más perfectas del Universo. Todo en mi mente desaparece y queda esta impactante serie de letras suspendida en medio del vacío, en silencio absoluto y con una luz blanca brillante asomándose tras sus líneas. Entonces, la pronuncio en mi mente varias veces, sintiendo y repasando con  mi lengua la suavidad de sus relieves, meciendo la armonía de sus curvas, dibujando el sonido que ejecuta la reunión de sus letras en mi imaginación y, agradeciendo tamaña belleza, sonrío por dentro. Como si mis células sonrieran conmigo, dispersando por mi cuerpo todo tipo de sustancias para el placer, dando un masaje relajante a mi alma,  alejándome de la insatisfacción, de cualquier dolor y de toda necesidad.
  A veces me encuentro con palabras que me lo dan o me lo quitan todo en un instante, que me habitan y hasta me molestan y me expanden. No soy escritora porque algún lector o muchos me determinen o no como tal. Soy escritora porque las letras me presentan la eternidad y, a la vez, las contiene el infinito dentro de mí. Las letras me hacen y es cierto que no merecen de mí menos que expresión. Pero es porque estoy hecha de letras, que son los egos de los números que a la vez son las células del Universo, que aunque yo jamás posara la tinta sobre el papel, sería escritora.


No van a enseñarme a odiar de nuevo

  Cuando yo veo a un hombre tirado en el piso, en cuero, con la cabeza tapada, esposado, sucio, flaco, con la piel lastimada y escamosa... se me rompe el corazón. No me importa lo que hizo, se me rompe el corazón. Y cuando me entero de lo que hizo, se me rompe el corazón. Es un hombre, se me rompe el corazón. Si es una mujer, se me rompe el corazón. Si es un adolescente, se me rompe el corazón. No me dan ganas de cortarle las manos porque robó, no me dan ganas de matarlo porque mató, no me dan ganas de golpearlo o torturarlo porque violó o lo que haya hecho. 
  Se me rompe el corazón porque es un hermano. Se me rompe por él y por los que lastimó o asesinó o torturó. Lo veo y pienso que podría ser mi hijo el día de mañana, pienso que podría ser mi hermano de sangre, pienso que podría ser mi amigo. Veo cómo lo tratan y eso me rompe el corazón, porque cada maltrato que recibe rompe más su corazón, que siempre ha sido roto. Pienso cuánto dolor precisa acumular alguien dentro de sí mismo para naturalizar el hacer daño como modo de vida. 
  Y yo, que he sentido el dolor indefinible de ver morir a mi hija, y tantos dolores más, comprendo que esa persona ha sentido mucho más dolor que yo, y que ha tenido menos fuerza que yo, que se ha sentido más desprotegido que yo, y se me rompe el corazón. Porque quizá yo en sus circunstancias tampoco habría podido sobrellevar todas sus experiencias, o quizás sí. Pero es un hecho que esa persona no puede consigo misma. Y (de nuevo) yo, que apenas comienzo a entender cómo se vive de la forma menos agresiva para todas las partes involucradas, aún lastimo. Todavía lastimo, todavía genero dolor, todavía soy cruel hasta conmigo. Saber que la gravedad del daño que alguien hace a otro es proporcional al dolor que siente ese alguien, me rompe el corazón. 

  Los que más daño hacen, son los que más sufren. Proyectan en el espejo. Tratan al resto como los han tratado y como han aprendido a tratarse a sí mismos. Matan porque quieren morir, y hasta eso les da miedo. No quiero vivir en un mundo que condene, quiero vivir en un mundo que sane. Por eso quiero sanar mi corazón y liberarme cuanto pueda de mí misma, para poder contarles a otros cómo hice yo para sanar de a poco. En una de esas les sirve y pueden sanar bastante, o un poco, que no es moco en un mundo que permanentemente enseña a condenar y castigar. Ya sé, es difícil. Ya está muy avanzado el daño que todos hemos hecho al mundo ignorando nuestra responsabilidad, pero yo quiero morir intentándolo, no adaptándome al deber ser nada más que para no ser condenada y castigada.

  ¿Quién carajos nos creemos que somos para andar diciendo lo que merece recibir otro ser humano por lo que hizo? No me vengan con el orden, que en este intento de ordenar el mundo nos entendemos cada vez menos. Donde habita el amor sobran las reglas.


Basta de abusos

  Volver al lugar en el que he construido incontables vínculos desde la dicotomía: permisividad - abuso... Evento necesario para terminar de concienciar que siempre me he sentido abusada porque siempre he abusado de mí misma dando a las necesidades ajenas la prioridad que debí dar a las mías y eso han leído los otros en mí.

  Volver de mi primera fase de cuarentena emocional para enfrentarme otra vez con la (cada vez menos) incómoda dificultad para decirles a quienes he permitido el abuso: "NO". Y sostener la decisión de frenar sus actos abusivos para conmigo, afrontando el miedo a los berrinches lógicos de esos a quienes he acostumbrado al sí sobreentendido, implícito. 

  Volver distinta, desintoxicada de invasiones y ser clara observadora de secuencias (que yo había naturalizado) evidentes de abuso: los hábitos compulsivos de llegar sin avisar, de tomar cosas sin pedirlas, de entrar sin pedir permiso, de decidir sin consultar, de pedir algo y tomar más de lo cedido, etc. Y la inherente manipulación para excusarse: simpatía ("bueno..está todo bien...jeje"), distracción ("se me pasó"), cuelgue ("no me di cuenta"), victimización o lástima ("es que yo tengo menos suerte que vos"), extorsión ("yo te dí algo y vos no querés darme lo que yo quiero"), minimización ("no es para tanto"), acusación ("sos mala"), etc.

  Volver para re-afirmar que estoy completamente asqueada de los abusos y que voy a cortarlos sean cuales sean las consecuencias. Para sanarme, pase lo que pase. 


Volver para darme a mí misma lo que siempre he merecido y no me había animado a asumir. Para cortar los lazos que ya no me son compatibles y re-distribuir mis energías.


Volver para amarme desde acá hasta donde he elegido vivir ahora y expandir mi amor hasta donde pueda...


  Volver para mostrarles a mi hijo y a mis hermanas (de sangre y de corazón) que ASÍ NO SE VIVE MÁS.


HE DICHO.

Mi miedo

  Hace cuatro días vivo en la ciudad más hermosa que he visitado. No es la más hermosa por su arquitectura (aunque es maravillosa), ni por su organización o ese tipo de cosas (vale decir que sus paisajes son magníficos), es la más hermosa porque nunca un desconocido osa decirte algo desagradable en la calle, ni te golpea con una mirada lasciva, ni te persigue en modo acosador. Es hermosa porque los conocidos y los desconocidos te saludan de forma sincera, con una sonrisa abierta… con el corazón. La primera vez que fui a comprar, me fiaron (por no tener cambio) como si me conocieran de toda la vida, porque no temen que no vuelvas a pagar, o no les importa. Es un lugar en el que me siento bien atendida, asistida y respetada.
  Teniendo claro todo eso, descubrí que es el lugar perfecto para trabajar el miedo. Mi miedo. Sabía desde hace tiempo que yo vendría a este lugar a sanar muchas cosas. Y el proceso empezó enseguida. Vivo en una cabañita preciosa que está ubicada en un barrio súpernatural: calles de tierra, terrenos campestres, poca luz, mucho silencio y está algo apartada de la parte urbana. Regresando del centro supe, la primera noche, que debía empezar por sanar el miedo, como si fuera poco. Anduve la tarde entera repartiendo currículos y me alcanzaron las ocho de la noche en la calle, lejos de casa. Me tocó transitar el hermoso camino que de día adoré y me pasé las cuadras recordando las frases de mi amigo asegurándome que “acá nunca pasa nada malo” y las veces que visité este lugar antes comprobándolo, porque sentí un poco de miedo.  
  Caí en la cuenta de que en mi ciudad natal el miedo está justificado (y sostenido por los propios habitantes) porque “pasan cosas”. Y en una ciudad en la que no pasa nada, esa noche no encontré excusas para sostener mi miedo, no me quedó más opción que reconocer mi laberinto mental arrastrándome a la puta certeza de que algo malo puede sucederme. Mi miedo iba disminuyendo a cada metro y me mantuve consciente de la situación hasta llegar a destino. La verdad es que no lo superé, simplemente lo bajé de nivel (quizá eso he hecho siempre en mi ciudad, creyendo que lo superaba). Y esos pasos conscientes en la oscuridad fueron el primer paso.
  Los dos días siguientes, no tuve necesidad ni oportunidad de andar de noche. Pero continué repartiendo mis currículos en las horas diurnas. La primera mañana de esos días, un perrito orejón que es de alguna de las personas que habita otra de las cabañas, me siguió. No quise correrlo, y al ratito me arrepentí. El perrito resultó ser un compañero bastante barullero. Los disturbios que generó con todos los perros habidos en el camino me intranquilizó demasiadas veces. Pude ser consciente de la manera en que se tensionaban mis músculos, mi mandíbula y mis manos, cada vez que una jauría se dirigía enfurecida hacia este perrito que insistía en mantenerse cerca de mí y que hacía caso omiso a mis intentos de correrlo. Nada deseaba más que el regreso del perrito a su hogar. La posibilidad de que los otros perros llevaran sus dientes a mis piernas o de que lastimaran al orejón y yo no me animara a defenderlo me aceleraba el corazón y me hacía transpirar instantáneamente.
  Claro que mis herramientas yóguicas siempre me han ayudado a salir airosa de esa situación (cada dos por tres me pasa esto) porque comienzo a decirme “respiro profundo, relajo el cuerpo, relajo los músculos, dejo de apretar los dientes, no pasa nada, actúo naturalmente, no se dan cuenta así de que venía con miedo… si no sienten mi miedo no van a atacarme, camino tranquila, relajo, no tengo miedo, no tengo miedo, no pasa nada, relax…”. Pero me alejo unos metros y tras notar cómo se afloja bruscamente mi cuerpo porque no están cerca ya, siento bronca, porque otra vez no logré evitar el miedo. Ese día y el siguiente “el orejón” se encargó de hacerme atravesar esa misma situación una y otra vez, sin descanso.  Hasta que fui bien consciente de todo esto que acabo de escribir. Curiosamente, hoy intentó seguirme, lo reté y me obedeció. Me miró como si ya hubiese terminado su trabajo conmigo. Tuve un día tranquilo…
  Pero llegó la noche y la hora de dirigirme a hablar con el dueño de un bar que me queda bastante alejado. Esta vez no eran las ocho. Eran las once y evidentemente el tramo a sobrellevar con el miedo en mi espalda no parecía negociable para mi tolerancia. Me bañé a las diez y aún a las once y cuarto no podía tomar la decisión definitiva de salir rumbo al bar. Salí afuera de la cabaña, observé la noche, la bruma, y no pude disfrazarme de decidida. Volví a entrar, pensé varias veces más qué hacer y rememoré todo lo que sabía del lugar, que no pasa nada, que puedo andar tranquila, también que atraigo lo que temo y que si no ando con miedo no atraigo nada malo, etc. No podía salir a pesar de todo, y me di cuenta de que el miedo no es un pensamiento. Es una emoción que ha cambiado mis pensamientos, una emoción que ha tomado fuerza bajo la creencia de que algo malo puede pasarme.
  Quedé atrapada en la duda de salir o de quedarme, discutiendo conmigo misma sobre las probabilidades de ser abusada de algún modo y las de perderme una linda noche por inseguridad. En el instante en que me observé acorralada por mí misma, aterrada hasta por la idea de sentir mi miedo por ahí, supe que éste estaba limitando mi “nueva vida”, que nunca sería nueva sino la misma de siempre si no me resuelvo de una vez. Entonces, comencé a llorar sin consuelo. Llorando, tomé conciencia de lo que reforzó esta limitación en mi vida, y metafóricamente hablando… Mi corazón se ha debilitado porque lo mantuve durante mucho tiempo en la tensión de no mostrar miedo frente a un perro furioso que finalmente percibió mi miedo y me mordió en las piernas. No culpo a nadie, ni a mí misma. Me encantan los perros, y me asustaba que me ladraran porque pasaba por las que creen sus casas con un perrito inquieto que los hace sentirse amenazados. Me asumo responsable del amor y del dolor que siento, de la tristeza que me habita y que saldrá de mí. Siento mucho dolor, sin embargo ya no sufriré. Por esto, el perrito orejón (mi inconsciente) supo antes que yo que ya no me seguirá para exponerme a la misma situación.
  La siesta de hoy la pasé riendo, viendo una serie en internet. Y en la tarde, quien me hospeda me dijo: “Te escuché reír. Me dormí con tu risa”. Esta noche lloré mucho y el día ha sido equilibrado en esta alma. Nadie me escuchó llorar, pero yo estoy conmigo, viéndome y sanándome. Diciéndome, tranquila: Se acabó eso de intentar convencerte de que “esto también pasará”, entendiste que “ESTO NUNCA MÁS TE PASARÁ”. 

Escuchar canción: Higher Ground

Antes de partir...

  Hoy desperté en este lugar pensando que es la última vez que tendré esta sensación de pertenencia. Recordé lo que soñé, repasé los pendientes para hoy y el más urgente era en casa de mi madre. Me desperecé rápido, junté cosas y salí hacia allá.
  En esa casa que me contuvo unos veinte años salí al patio, me paré de cara al sol, comencé a observarlo todo y a recordar… El árbol en el que un día me puse a hacer una casita de madera con mi hijo, mi huertita, la comunidad de aloe veras que generó la plantita que rescaté de la calle, el techo al que me subía cuando necesitaba aislarme de todos, el audio que una vez grabe allí con los cantos de los pájaros… Y a esta altura ya empecé a lagrimear. Recordé de repente, con el calor del sol, las charlas con mi madre tomando mates en plenas siestas… Su voz, sus sueños incumplidos, sus confidencias, su amistad… Giré la cabeza para mirar el siempreverde que ella tanto amaba y mi llanto brotó sin tapujos. Caminé hasta ese arbusto enorme y me abracé a sus anchas ramas como si la mujer que yo extrañaba estuviera allí, abrazándome también. Seguí llorando y pensando “eras linda, mamá” deseé poder saludarla antes de subir al colectivo esta noche.

  Caminé dando vueltas en ese patio, rememorando las veces que hice lo mismo para detener mis pensamientos hace años. Vino a mi mente la imagen de la araña que caminó sobre mi cuerpo en una de mis meditaciones sobre ese césped, el colibrí que visitaba el romero, mis hermanos jugando a la pelota, mi padre acostado en el agua dentro de la pileta riendo a carcajadas (el sí que sabía jugar), mi vida cuando tenía padre y madre y yo podía acudir a ellos para pelearlos o sentirlos cerca como modo de transitar mis emociones. Ya no están. Mis hermanos ya no juegan juntos. Yo me voy, conmovida y agradecida.



Escuchar canción: Laura va

ME DEJO IR

Necesito despedirme
dejar todo mi amor tras la puerta
decir todas las cosas
Voy despojada hacia una muerte deseada
Jamás seré quien soy
otra vez
Me han atravesado
Nunca volveré

Escuchar canción: Lo que te da terror

DISPUESTA

Atada a nada
Amante de todo
Reinando en mi útero
decreto menstruación emocional
libertad a las posibilidades nulas
y muerte al desperdicio
en la justicia de la creación
Estoy muriendo sin temor
ya todo ha sucedido
He aprendido a amar
y no lo he olvidado
Llevándome entera al vacío
marco el tiempo final
en silencio…



Escuchar canción: Si me voy antes que vos 

SECRETO

Tengo fe en lo que no he visto
y sé que no lo veré
En mi frente
se reúnen almas viejas  
sin imagen
y cultivan el vacío
en todo lo que encarno
Me siento en tu cama
a veces
cuando me llama tu pecho
y te  ocultás del mundo

No podés saberlo

Escuchar canción: Fix you

ELEGÍA A MI ÚLTIMO LLORAR

Este vacío que ha elegido encapsularse
y piel afuera trascender
Estos sollozos que agitan a mis hombros
entrecortando mis inspiraciones
en la congoja de la liberación
Esta serie de deseos terrestres
descendiendo lastimados
a su raíz desde mi pecho
Este homenaje a quien me hizo sentir
Este duelo ancestral de su perecimiento en mí


Escuchar canción: Déjenme llorar

INFANTE

Sigo siendo una niña
que salta en todos los colores
cuando todos los sentidos
dan giros a mi alrededor
Atardece el mundo
en todos los jardines
respira el rocío
antes de caer
Y sigo siendo una niña
contando mis pasos
imaginando el aire
palpando sabores
desarmando palabras
viajando sueños
sin encontrar las flores

Escuchar canción:Quelqu'un m'a dit

Gratitud es salud y abundancia

  Cuando necesites saber si algo en tu vida es sano, pregúntate si podés soltarlo y continuar siendo vos después de hacerlo. Si creés que no, no significa que así sea,  significa que no es sano. Y lo que no es sano, nunca será para vos. Todo lo que no podés soltar, te enferma. Todo aquello que no conseguís dejar atrás, es insano (y me refiero a vínculos, no a personas). Y en cuanto reconocés y aceptás que estás enfermándote de necesidad, se acaba el apego. Entonces, sé agradecido.
Adiós.
Gracias.

  La necesidad es el alimento del inconsciente. Todo aquello que creés que necesitás y, sobre todo, que el otro debe darte, es una droga para escapar de la responsabilidad de sanarte a vos mismo, de ser maternal (darte amor) y paternal (darte fuerza) con vos mismo. Nadie en este mundo (ni en ningún otro) tiene el deber de darte absolutamente nada, y todo aquello que otro te dé, es tan sólo un regalo. Sólo reconociendo esto, podrás experimentar la gratitud. Sé agradecido.
 Quien nada reconoce, siente que nada tiene. Quien nada reconoce vive en la incapacidad de reconocerse a sí mismo  valioso y, por ende, no será reconocido por los demás. Quien no se ama, no sabe amar. Sólo necesita amor, y lo demanda. Cualquier cosa que construyas o elijas desde la necesidad, morirá. Porque sólo lo que se necesita se pierde. Lo que tomás para vos, es del Universo. Y en cuanto lo poseés, deja de ser lo que era. Muere, y crece tu vacío. Seguís necesitando lo que realmente nunca has de necesitar. Porque lo que realmente necesitás, no es algo que puedas tomar. Lo único que necesitás, es aceptar y agradecer.

¿Qué abunda en tu vida? Eso que respondés es lo que tiene tu mayor atención

¿Qué falta en tu vida? Nada. Todo está ahí, para ser reconocido. Sé agradecido.

Escuchar canción: Tiempo al tiempo



DESPACIO

Abandonar
despacio
el lugar marginal
que avergüenza al amor
Empujar porque no queda más
Seguir porque algo espera
porque el silencio se hizo mariposa
para vivir un día sólo
y llevarse al final
en las alas los colores
de las flores que tocó
Así desaparecen
aleteando
bajo la luna
los vestigios del vuelo

Escuchar canción: Corazón libre

SERÁN SOLES

Llevo tierra en la mirada
no ese agua que te inundaba
que a veces te rebalsaba
emocionando el aire
sublimando el alma
y la sombra...
La visión seca
y un amor acallado,
un espectro abatido
naciendo moribundo
de la muerte
Cerrojitos en los nodos
fractales en las venas
dando cuenta al universo
de este lazo
En unos años luz
entrará dios al hoyo negro
y nacerán soles

en todo

Escuchar canción: Te amaré, y después te amaré

Nadie muere de amor hasta que muere de amor

  Nadie muere de amor hasta que pierde la razón. Nadie que razone muere de amor. No quiero ir mañana al psicólogo que me ayuda a olvidarte a decirle que no quiero olvidarte, que prefiero llorar todos los días hasta el final antes que vivir sin imaginarte. Que me duele el alma sabiendo que te abandoné porque pudiste romperme y que estoy rota ahora, de todas formas. Que cuando recuerdo la pesadilla de soportarte, te extraño igual. Que estoy enfurecida con el mundo porque logró hacerme obedecer a una ética que no siento, afirmando que debo salvarme de todo para evitarle el esfuerzo de liberarse de las reglas. Que odio los semáforos porque evitan los choques y hacen creer a las personas que saben vivir hasta la muerte. Que nadie admirable ha sido recordado por escapar ante el peligro, que la historia tiene importancia porque la ennoblecen quienes dan su vida por su causa. Que el mundo no es sostenido por las personas que viven seguras, que éstas son los que hacen contraste a las pasionales y que yo soy ambas. Que siempre supe que puedo vivir sin vos, que no necesito un psicólogo para descubrirlo, pero que no quiero. Que sé que sos caprichoso y  manipulador,  que siempre lo he sabido  y que no deseo cambiarte. Que sos insoportable y que aún así te elijo. Que tengo grandes dudas sobre ir a buscarte porque sos muy hinchapelotas y aunque no te tengo miedo me estresás, pero que no quiero tolerar tu demonización en boca de nadie. Que no me importa que quieras dominarme porque no te lo permitiría aunque incendiaras el mundo en uno de tus berrinches y que ese sería el mejor ejemplo para cualquier generación venidera. Que la belleza de tu alma es algo que sólo yo contemplo emocionada. Que la psicología no puede saber de qué carajos hablo, y que aunque es una de las ciencias que más admiro, (citando la canción que escuchamos juntos:) tu locura es mi ciencia. Que ésto no tiene explicación, ni la precisa. Que puedo redactar un testamento dejándote mi vida, liberándolo de toda culpa si tus berrinchitos no cesan y me rompés más que un vidrio. Que no me moleste con que soy rebelde, que mi causa es el amor.

P/D: Mañana, seguramente, me levantaré, con los ojos hinchados, e iré a mi sesión a decir que sigo haciendo "lo correcto", que estoy aceptando esta contradicción, que te extraño porque tenemos corazones idénticos pero que no podemos estar juntos porque a vos no te gusta el mío. Y el psicólogo me recordará: "En las relaciones espejo no hay completud, es uno o es el otro, no hay lugar para los dos. Y es evidente quien quiere ese lugar."

Escuchar canción: No pretendo

INCOMPATIBILIDAD

Mi cuerpo ya no es mío
ha cambiado sus patrones
No entra por mis ojos lo que veo
nada ahora existe
todo es catapulta
saldré expulsada pronto
de mí misma o del mundo

Presiento la extrañeza natural de lo nuevo
sospecho la muerte del personaje
y me excita
Ansiedad de ser sola
de darme entera a la abstracción
Incineración de los planos 
Fundición de portales que expande
Me acerco al big bang
en retrospectiva 
el tiempo se acelera
y me agita el pulso
el om vibra en mis células
dudo de mi necesidad de respirar...

Me siento lista

Escuchar canción:  De todo el mundo


ESTOY BIEN

Estoy bien
con esta tristeza cotidiana
de distraerme esperando
que entres por esa puerta
para estar bien conmigo.
Estoy bien
cuando te nombro mentalmente
para asegurarme de que seguís allí
dentro de mí
aunque nadie pueda atestiguar
que te he pronunciado
Estoy bien
cuando suena la canción que te trae
y te proyecto en el aire
para  contemplar tu divinidad
a ojos cerrados
Estoy bien
sabiendo que amo
con una prudencia que preserva mi amor

hasta el final

Escuchar canción: Algún lugar encontraré

RENDICIÓN

Díganme que está bien
que camina tranquilo
para alcanzarme 
en otro tiempo de la misma historia


No.

Exorcísenme.

Bórrenme del relato
que no me encuentre
que no me haya alcanzado
nunca antes
en la historia que necesito escribir
contando que no existió
este demonio mío
que no murió tras su paso
Fin
Dios
preciso encontrarte frente al oasis del fuego
y salvarme de ignorarte a consciencia
Haz de mí un instrumento de tu paz
lo que quede de esta insoportable eternidad
te pago con mi alma inconclusa

Escuchar canción: Demonios

Algo sobre mí/mi madre

  Estoy en época de laburar cosillas con la imagen de mi madre (ya fallecida) y recordaba... Que cuando yo era chica y mi mamá mostraba mis fotos (fotografías, no imágenes) a las personas que venían a casa, no lo disfrutaba. Más bien, lo sufría con mucho pudor porque no tenía consciencia de lo que sucedía. Sentía muchísima incomodidad porque contaba cosas de mí que yo no deseaba contar o mostrar a esas personas que ni siquiera eran de mi círculo íntimo. Entonces, me retiraba del lugar. 

  Creo que ese sentimiento de abuso o manoseo de lo que, en ese momento, era para mí importante (más o menos así se siente de niña cuando no es tu decisión, como una especie de desnudez obligada), influyó mucho en mis relaciones desde la pubertad hasta el día de hoy. De hecho, en la actualidad uso la exposición como auto-medicina, porque descubrí que resistirme a lo que me ha hecho sentir expuesta es contraproducente. Ahora, de adulta, cada vez que me expongo, lo hago conteniendo a la niña que fui y que sufrió aquello, explicándole que está a salvo porque lo hago voluntariamente, que soy responsable de mis actos y que asumo las consecuencias de tal elección ("ya no soy una niña y esto ya no me hace daño"). Y me libero... Acercándome al día en que no me produzca ni la más mínima cosquilla la exposición voluntaria o involuntaria (me siento cerca de eso a esta altura).


  A veces, chateo con contactos que se sorprenden al saber que tengo un hijo, que soy madre. ¡Claro! Caigo instantáneamente en la cuenta de que no soy la típica madre que llena de fotos de su/s hijo/s su muro. Y es que, un día, hace años (pocos desde que había salido a la luz esta red social) y debido a mi experiencia como hija, sentí que no tenía derecho a exponer permanentemente a mi hijo, como si fuera mi mascota o mi bicicleta, en Facebook. Al menos, mientras no tenga la certeza de que él no está en una edad en la que le resbale que yo lo exponga. Y la adolescencia no suele ser el caso en que las actitudes de nuestras madres nos resbalan, sino más bien, todo lo contrario. Incluso, en esta etapa, comenzamos a pasar facturas de la niñez. Sentía y siento que vivir subiendo fotos suyas no es algo que suponga respeto por su privacidad, intimidad, reserva y/o seguridad. Que no haga alardes todo el tiempo de mi amor por él o de sus logros que me harían quedar muy bien no significa que no lo ame. Me importa muy poco satisfacer la demanda colectiva de actitudes maternales elogiables por el patriarcado. Mi amor está expresado en mi respeto y lo único importante para mí es que así lo sienta él.

  Más tarde, un par de años después, él mismo me agradeció esta decisión reconociendo que realmente habría detestado que lo hiciera (exponerlo continuamente), incluso en el presente. Por supuesto, él lo siente así porque está educado por mí. Ciertamente, fue un alivio su agradecimiento, teniendo en cuenta que una siempre anda con la duda de estar atinando (porque se supone que conocemos a quien parimos) o estar proyectando sobre los hijos algún trauma propio. Quizá los hijos de otras personas sean felices viéndose y recordándose, de adultos, en las fotos que suben/subían sus mamás y quizá luego hagan lo mismo con sus hijos y lo disfruten más aún porque están educados de otro modo. Por fortuna de la bendita libertad, hay muchos mundos en este mundo. Sólo hay que ser consciente de cómo se desea construir cada mundo.

DECIRLO

Autenticidad 
fue decirte que no te amo
y reunir los trozos de mi cuerpo
y arrojarlos hacia otro lado
de nuevo
Fue sentirme enaltecida
en los augurios del suspenso
con el pellejo hecho bandera
y luces emergentes en el vientre
Fue mirarte el alma con los ojos
y libertarla a través de ellos
perpetuando el fuego
devolviendo las preguntas
desenlazando los miedos
reconciliando la búsqueda
con la muerte.

ÁNIMUS

Tengo la espalda llena de hombres
dormidos
pendientes de un signo
ausentes
embriones del ánimus que esculpo
me asustan y se esfuman
los provoco y regresan
pidiendo libertad onírica
Los veo en cada plano
cada día
pueden verme
esperan el signo que busco.

Soy oscuridad

  Vivimos con miedo. Es nuestra base. Nuestras vidas se tratan de ser equilibrados para poder sostener un estilo de vida, acorde a las necesidades de quienes nos rodean, que no son más que excusas para no ser quienes anhelamos ser. "Lo que pasa es que tengo un hijo", mi excusa hace trece años para no ser y mantener todo bajo control. "Soy un adulto de tantos años y no tengo casa, o trabajo estable", "No puedo, tengo que alcanzar tal objetivo" ¡Mierda!Esas son nuestras preocupaciones. Qué mediocridad. Nuestros objetivos siempre apuntan a lo que está bajo control. Vamos en sentido opuesto al ser, siempre amoldándonos a lo que los demás quieren ver en nosotros, para no incomodarlos y generar que nos excluyan. Mundanidad. Todos adaptados a la línea del equilibrio para que nuestros hijos continúen repitiendo el mismo modelo de camino por los siglos de los siglos, Ese es el mandato familiar y social del que necesito liberarme: el debido equilibrio (no el equilibrio).

  En este camino de "amor propio" (cada vez necesito menos del famoso concepto de amor propio), evitamos a personas que "nos hacen mal", como si alguien más que nosotros pudiéramos hacernos mal. Si fuéramos quienes queremos ser, estaríamos a salvo de todo. Seríamos inmutables. Sólo somos vulnerables a lo externo porque por dentro estamos incompletos tratando de ser algo que no somos: equilibrio. Creo que personas libres no necesitarían cultivar el amor propio, porque no necesitan cuidarse de los demás.
  Se me estruja el plexo solar, de angustia, cuando me acerco al tipo que me sacude toda el alma porque no puedo predecir uno solo de sus comportamientos y me aterra perder el control de mí misma (entregarme a emociones que no me muestran estable) bajo su influencia, porque pasé mi vida sobreesforzándome para ser alguien que encaje y aunque sigo sin lograrlo, tiendo a creer que esa estupidez me salvará de algo. Y no me salva de nada, sólo me mantiene en pausa. Esa persona que me desestabiliza es mi espejo, la otra cara de mí. Mi locura, todo lo opuesto al control. Cierta vez me dijo: "Tenés miedo a perder los estribos y por eso te vas sola. Sos manipuladora y mentirosa, tenés a la gente engañada". Pasé horas no haciéndome cargo de eso, gracias a mi tan desarrollado ego. Pero algo me hacía seguir escarbando en la idea... Y es cierto, los engaño, quiero controlarlo todo la mayor parte del tiempo porque tengo miedo a manifestar mi luz, la lealtad a mi ser, mi desequilibrio, mi energía libre del control. Y la gente espera eso de mí, equilibrio. Yo debo sobreentenderlo, además. Es un deber moral/social que debo saber de antemano: "LA PROFE DE YOGA NO PUEDE SER, deber ser como todos esperamos, o le quitaremos la credibilidad por convención". 

  Es fácil, acuso al otro de loco (desequilibrado) para que no pueda evidenciar mi cobardía ante mi propia soltura. Acreditar a ese otro en su comportamiento desestructurado es asumir que no sé vivir. Yo hago eso con los demás y los demás hacen eso conmigo. Unos más, otros menos, pero todos nos lo hacemos. No sabemos vivir, y en vez de abrirnos a aprender, nos autoengañamos y engañamos a todos enseñándoles a autoengañarse.
  Yo pensaba que la persona que "me hace mal" representaba mi oscuridad, hoy descubro que es mi luz. Esa persona no tiene algo oscuro que debo trabajar en mí, tiene una luz que debo despertar en mí. Necesito permitirme eso que me muestra el otro para dejar de temerle y reproducirlo inconscientemente (Por esta idea se lo juzga tanto a Jodorowsky. Le amo.) He estado etiquetando de oscuridad a la luz. La oscuridad soy yo, reprimiendo eso que necesita salir a ser. Manipulándolo todo para acallarlo. Vivo en la oscuridad, y lo que me trae luz me aterra. Me asumo más oscura que luminosa.
  Perdamos el control, y seamos la luz que sólo los locos nos muestran. El deber ser equilibrados sirve para justificar nuestra oscuridad, nuestro miedo a ser. Es un lugar mental, igual de válido que todos los demás y sirve en determinados ciclos para muchas cosas (aprovecho también para agradecer su utilidad), pero a partir de hoy quiero ser libre de éste también, como he logrado serlo de otros. Ya no me sirve. Todo placebo me aleja de la verdad.