Nada puede ser creado



  Nada de lo que sucedió antes de hoy, sucedió antes de hoy.
  Será mejor que no sepamos nada.
  No puedo mostrarles nada.
  Nada existe, aunque piensen y crean que lo pensado existe.
  Yo tampoco soy real.
  Dejen de pensarme todos y desapareceré del plano.
 Anhelamos estar en el pensamiento de otras personas para asegurar nuestra existencia. Por eso escribimos, aconsejamos, educamos, intervenimos, forzamos sociedades y abogamos por el desarrollo y la permanencia. Creemos que enfocándonos en la supervivencia y la reproducción tendremos tiempo y reencarnaciones suficientes para despertar todos y trascender. Pero si toda la humanidad dejara de pensar al mismo tiempo, todos nosotros, junto a todo lo que hemos proyectado en esta dimensión, desapareceríamos. La ilusión acabaría instantáneamente y sabríamos que no somos, ni hay, luz ni oscuridad. La creencia de que somos luz es otra creencia adaptada a las nuevas y evolucionadas necesidades del ego, que siempre escapa a la renuncia.
  El silencio detiene la mente
  El olvido libera al ego.
  El pensamiento proyecta todo, no lo crea.
  El día de la creación no ha sucedido.
  No somos creadores, lamento decepcionar.
  Nada puede ser creado.


Punto de ruptura


  Un día, un adorno con forma de elefante que me gustaba mucho, cayó al piso y se partió en dos pedazos. Segundos después de casi caer yo en el hábito acostumbrado de lamentarlo, entendí que si ese objeto se rompió, algo dentro de mí buscaba lo mismo. Entonces decidí disfrutarlo y terminar la tarea de mi inconsciente tomando los dos trozos del suelo y dejándolos caer otra vez desde un nivel más alto que mis manos, con la naturalidad de su propio peso. Una vez que cayeron dividiéndose en más partes, tomé éstas de nuevo y continué repitiendo el acto hasta que ya no pude levantar las diminutas piezas dispersas a mis pies. Instantáneamente, lloré, unos segundos y tras ese llanto el elefante pasó al olvido. Fue barrido y tirado a la basura como cualquier otra cosa.
  El secreto de la trascendencia está en el punto de ruptura, siempre. Todo el que insista en conservar cualquier cosa, permanecerá en una lucha.


Escritora

  Soy escritora. A veces necesito decírmelo. Muchas veces, a decir verdad. Soy más escritora de lo que lo que me sé reconocer. Soy escritora incluso cuando niego que lo soy a causa de eventuales descensos de autovaloración. Soy escritora porque podría escribir sin manos ni pies, incluso sin mi cuerpo físico. Soy escritora porque escribo normalmente y también lo hago maneras inusuales.
  Escribo las palabras que las personas dicen mientras las pronuncian frente a mí. Las escucho atentamente, una por una, y las repito mentalmente de forma lenta. Primero las repito en el orden en que fueron pronunciadas para mí (la oración o la frase entera), luego repito por separado el sujeto del predicado (siempre que estén ambos), las cambio de orden según su extensión y posteriormente desarmo cada palabra de cada grupo por sílabas y las vuelvo a armar de diferentes maneras… jugando. Las re-ordeno siempre de formas simétricas (esto es ley), teniendo en cuenta consonantes que son altas/bajas/delgadas/anchas, vocales abiertas o cerradas, y la musicalidad con que estas combinaciones parezcan sonar en mi cabeza. Si no me convence el primer resultado, lo desarmo y lo re-armo nuevamente, hasta sentir que no puedo perfeccionar más la belleza de tal construcción.
  No sé responder con certeza la pregunta que suelo hacerme respecto de este hábito: “¿Cómo me alcanza el tiempo para hacer todo esto mientras alguien me habla, sin dejar de prestarle atención, sin perderme una palabra y sin necesitar que me repita nada?”. Lo que supongo es que mi cerebro delega tareas a sus distintas áreas y funciona realizándolas a todas juntas al mismo tiempo, en alguna dimensión de no-tiempo (lineal, al menos). Porque cuando doy fin a este juego de combinaciones tras haber elegido la estructura que más me ha simpatizado, también he alcanzado ya el entendimiento necesario de lo escuchado para responder lo que pienso al respecto (si es que el otro solicita una devolución de mi parte) y también la consciencia para saber que eso que estoy diciéndole al otro también estoy diciéndomelo a mí. De hecho, mientras hablo mi respuesta, visualizo las situaciones en que debo aplicar en mí lo que digo y además reviso porqué.
  Soy escritora porque las letras me llevan constantemente a escribirme y re-escribirme a mí misma, aunque no toque una lapicera o una computadora durante meses enteros y me pierda en el mundo de lo que no puede ser nombrado. En ese lugar acallado que me vacía para liberarme de las creencias, etiquetas y certezas que planean (y nunca podrán) limitarme del todo. Amo las palabras, y las amo con libertad. Se van de mí en ocasiones, y vuelven siempre sin lastimarme. Las amo tanto que he llegado a odiarlas y he vuelto a ellas con la mayor devoción.
  En ocasiones, me sucede que escucho alguna palabra y todo en mí se detiene. No existe  más que esa palabra mágica, escrita de la forma más prolija y equilibrada que existe, con las proporciones más perfectas del Universo. Todo en mi mente desaparece y queda esta impactante serie de letras suspendida en medio del vacío, en silencio absoluto y con una luz blanca brillante asomándose tras sus líneas. Entonces, la pronuncio en mi mente varias veces, sintiendo y repasando con  mi lengua la suavidad de sus relieves, meciendo la armonía de sus curvas, dibujando el sonido que ejecuta la reunión de sus letras en mi imaginación y, agradeciendo tamaña belleza, sonrío por dentro. Como si mis células sonrieran conmigo, dispersando por mi cuerpo todo tipo de sustancias para el placer, dando un masaje relajante a mi alma,  alejándome de la insatisfacción, de cualquier dolor y de toda necesidad.
  A veces me encuentro con palabras que me lo dan o me lo quitan todo en un instante, que me habitan y hasta me molestan y me expanden. No soy escritora porque algún lector o muchos me determinen o no como tal. Soy escritora porque las letras me presentan la eternidad y, a la vez, las contiene el infinito dentro de mí. Las letras me hacen y es cierto que no merecen de mí menos que expresión. Pero es porque estoy hecha de letras, que son los egos de los números que a la vez son las células del Universo, que aunque yo jamás posara la tinta sobre el papel, sería escritora.


No van a enseñarme a odiar de nuevo

  Cuando yo veo a un hombre tirado en el piso, en cuero, con la cabeza tapada, esposado, sucio, flaco, con la piel lastimada y escamosa... se me rompe el corazón. No me importa lo que hizo, se me rompe el corazón. Y cuando me entero de lo que hizo, se me rompe el corazón. Es un hombre, se me rompe el corazón. Si es una mujer, se me rompe el corazón. Si es un adolescente, se me rompe el corazón. No me dan ganas de cortarle las manos porque robó, no me dan ganas de matarlo porque mató, no me dan ganas de golpearlo o torturarlo porque violó o lo que haya hecho. 
  Se me rompe el corazón porque es un hermano. Se me rompe por él y por los que lastimó o asesinó o torturó. Lo veo y pienso que podría ser mi hijo el día de mañana, pienso que podría ser mi hermano de sangre, pienso que podría ser mi amigo. Veo cómo lo tratan y eso me rompe el corazón, porque cada maltrato que recibe rompe más su corazón, que siempre ha sido roto. Pienso cuánto dolor precisa acumular alguien dentro de sí mismo para naturalizar el hacer daño como modo de vida. 
  Y yo, que he sentido el dolor indefinible de ver morir a mi hija, y tantos dolores más, comprendo que esa persona ha sentido mucho más dolor que yo, y que ha tenido menos fuerza que yo, que se ha sentido más desprotegido que yo, y se me rompe el corazón. Porque quizá yo en sus circunstancias tampoco habría podido sobrellevar todas sus experiencias, o quizás sí. Pero es un hecho que esa persona no puede consigo misma. Y (de nuevo) yo, que apenas comienzo a entender cómo se vive de la forma menos agresiva para todas las partes involucradas, aún lastimo. Todavía lastimo, todavía genero dolor, todavía soy cruel hasta conmigo. Saber que la gravedad del daño que alguien hace a otro es proporcional al dolor que siente ese alguien, me rompe el corazón. 

  Los que más daño hacen, son los que más sufren. Proyectan en el espejo. Tratan al resto como los han tratado y como han aprendido a tratarse a sí mismos. Matan porque quieren morir, y hasta eso les da miedo. No quiero vivir en un mundo que condene, quiero vivir en un mundo que sane. Por eso quiero sanar mi corazón y liberarme cuanto pueda de mí misma, para poder contarles a otros cómo hice yo para sanar de a poco. En una de esas les sirve y pueden sanar bastante, o un poco, que no es moco en un mundo que permanentemente enseña a condenar y castigar. Ya sé, es difícil. Ya está muy avanzado el daño que todos hemos hecho al mundo ignorando nuestra responsabilidad, pero yo quiero morir intentándolo, no adaptándome al deber ser nada más que para no ser condenada y castigada.

  ¿Quién carajos nos creemos que somos para andar diciendo lo que merece recibir otro ser humano por lo que hizo? No me vengan con el orden, que en este intento de ordenar el mundo nos entendemos cada vez menos. Donde habita el amor sobran las reglas.


Basta de abusos

  Volver al lugar en el que he construido incontables vínculos desde la dicotomía: permisividad - abuso... Evento necesario para terminar de concienciar que siempre me he sentido abusada porque siempre he abusado de mí misma dando a las necesidades ajenas la prioridad que debí dar a las mías y eso han leído los otros en mí.

  Volver de mi primera fase de cuarentena emocional para enfrentarme otra vez con la (cada vez menos) incómoda dificultad para decirles a quienes he permitido el abuso: "NO". Y sostener la decisión de frenar sus actos abusivos para conmigo, afrontando el miedo a los berrinches lógicos de esos a quienes he acostumbrado al sí sobreentendido, implícito. 

  Volver distinta, desintoxicada de invasiones y ser clara observadora de secuencias (que yo había naturalizado) evidentes de abuso: los hábitos compulsivos de llegar sin avisar, de tomar cosas sin pedirlas, de entrar sin pedir permiso, de decidir sin consultar, de pedir algo y tomar más de lo cedido, etc. Y la inherente manipulación para excusarse: simpatía ("bueno..está todo bien...jeje"), distracción ("se me pasó"), cuelgue ("no me di cuenta"), victimización o lástima ("es que yo tengo menos suerte que vos"), extorsión ("yo te dí algo y vos no querés darme lo que yo quiero"), minimización ("no es para tanto"), acusación ("sos mala"), etc.

  Volver para re-afirmar que estoy completamente asqueada de los abusos y que voy a cortarlos sean cuales sean las consecuencias. Para sanarme, pase lo que pase. 


Volver para darme a mí misma lo que siempre he merecido y no me había animado a asumir. Para cortar los lazos que ya no me son compatibles y re-distribuir mis energías.


Volver para amarme desde acá hasta donde he elegido vivir ahora y expandir mi amor hasta donde pueda...


  Volver para mostrarles a mi hijo y a mis hermanas (de sangre y de corazón) que ASÍ NO SE VIVE MÁS.


HE DICHO.

Mi miedo

  Hace cuatro días vivo en la ciudad más hermosa que he visitado. No es la más hermosa por su arquitectura (aunque es maravillosa), ni por su organización o ese tipo de cosas (vale decir que sus paisajes son magníficos), es la más hermosa porque nunca un desconocido osa decirte algo desagradable en la calle, ni te golpea con una mirada lasciva, ni te persigue en modo acosador. Es hermosa porque los conocidos y los desconocidos te saludan de forma sincera, con una sonrisa abierta… con el corazón. La primera vez que fui a comprar, me fiaron (por no tener cambio) como si me conocieran de toda la vida, porque no temen que no vuelvas a pagar, o no les importa. Es un lugar en el que me siento bien atendida, asistida y respetada.
  Teniendo claro todo eso, descubrí que es el lugar perfecto para trabajar el miedo. Mi miedo. Sabía desde hace tiempo que yo vendría a este lugar a sanar muchas cosas. Y el proceso empezó enseguida. Vivo en una cabañita preciosa que está ubicada en un barrio súpernatural: calles de tierra, terrenos campestres, poca luz, mucho silencio y está algo apartada de la parte urbana. Regresando del centro supe, la primera noche, que debía empezar por sanar el miedo, como si fuera poco. Anduve la tarde entera repartiendo currículos y me alcanzaron las ocho de la noche en la calle, lejos de casa. Me tocó transitar el hermoso camino que de día adoré y me pasé las cuadras recordando las frases de mi amigo asegurándome que “acá nunca pasa nada malo” y las veces que visité este lugar antes comprobándolo, porque sentí un poco de miedo.  
  Caí en la cuenta de que en mi ciudad natal el miedo está justificado (y sostenido por los propios habitantes) porque “pasan cosas”. Y en una ciudad en la que no pasa nada, esa noche no encontré excusas para sostener mi miedo, no me quedó más opción que reconocer mi laberinto mental arrastrándome a la puta certeza de que algo malo puede sucederme. Mi miedo iba disminuyendo a cada metro y me mantuve consciente de la situación hasta llegar a destino. La verdad es que no lo superé, simplemente lo bajé de nivel (quizá eso he hecho siempre en mi ciudad, creyendo que lo superaba). Y esos pasos conscientes en la oscuridad fueron el primer paso.
  Los dos días siguientes, no tuve necesidad ni oportunidad de andar de noche. Pero continué repartiendo mis currículos en las horas diurnas. La primera mañana de esos días, un perrito orejón que es de alguna de las personas que habita otra de las cabañas, me siguió. No quise correrlo, y al ratito me arrepentí. El perrito resultó ser un compañero bastante barullero. Los disturbios que generó con todos los perros habidos en el camino me intranquilizó demasiadas veces. Pude ser consciente de la manera en que se tensionaban mis músculos, mi mandíbula y mis manos, cada vez que una jauría se dirigía enfurecida hacia este perrito que insistía en mantenerse cerca de mí y que hacía caso omiso a mis intentos de correrlo. Nada deseaba más que el regreso del perrito a su hogar. La posibilidad de que los otros perros llevaran sus dientes a mis piernas o de que lastimaran al orejón y yo no me animara a defenderlo me aceleraba el corazón y me hacía transpirar instantáneamente.
  Claro que mis herramientas yóguicas siempre me han ayudado a salir airosa de esa situación (cada dos por tres me pasa esto) porque comienzo a decirme “respiro profundo, relajo el cuerpo, relajo los músculos, dejo de apretar los dientes, no pasa nada, actúo naturalmente, no se dan cuenta así de que venía con miedo… si no sienten mi miedo no van a atacarme, camino tranquila, relajo, no tengo miedo, no tengo miedo, no pasa nada, relax…”. Pero me alejo unos metros y tras notar cómo se afloja bruscamente mi cuerpo porque no están cerca ya, siento bronca, porque otra vez no logré evitar el miedo. Ese día y el siguiente “el orejón” se encargó de hacerme atravesar esa misma situación una y otra vez, sin descanso.  Hasta que fui bien consciente de todo esto que acabo de escribir. Curiosamente, hoy intentó seguirme, lo reté y me obedeció. Me miró como si ya hubiese terminado su trabajo conmigo. Tuve un día tranquilo…
  Pero llegó la noche y la hora de dirigirme a hablar con el dueño de un bar que me queda bastante alejado. Esta vez no eran las ocho. Eran las once y evidentemente el tramo a sobrellevar con el miedo en mi espalda no parecía negociable para mi tolerancia. Me bañé a las diez y aún a las once y cuarto no podía tomar la decisión definitiva de salir rumbo al bar. Salí afuera de la cabaña, observé la noche, la bruma, y no pude disfrazarme de decidida. Volví a entrar, pensé varias veces más qué hacer y rememoré todo lo que sabía del lugar, que no pasa nada, que puedo andar tranquila, también que atraigo lo que temo y que si no ando con miedo no atraigo nada malo, etc. No podía salir a pesar de todo, y me di cuenta de que el miedo no es un pensamiento. Es una emoción que ha cambiado mis pensamientos, una emoción que ha tomado fuerza bajo la creencia de que algo malo puede pasarme.
  Quedé atrapada en la duda de salir o de quedarme, discutiendo conmigo misma sobre las probabilidades de ser abusada de algún modo y las de perderme una linda noche por inseguridad. En el instante en que me observé acorralada por mí misma, aterrada hasta por la idea de sentir mi miedo por ahí, supe que éste estaba limitando mi “nueva vida”, que nunca sería nueva sino la misma de siempre si no me resuelvo de una vez. Entonces, comencé a llorar sin consuelo. Llorando, tomé conciencia de lo que reforzó esta limitación en mi vida, y metafóricamente hablando… Mi corazón se ha debilitado porque lo mantuve durante mucho tiempo en la tensión de no mostrar miedo frente a un perro furioso que finalmente percibió mi miedo y me mordió en las piernas. No culpo a nadie, ni a mí misma. Me encantan los perros, y me asustaba que me ladraran porque pasaba por las que creen sus casas con un perrito inquieto que los hace sentirse amenazados. Me asumo responsable del amor y del dolor que siento, de la tristeza que me habita y que saldrá de mí. Siento mucho dolor, sin embargo ya no sufriré. Por esto, el perrito orejón (mi inconsciente) supo antes que yo que ya no me seguirá para exponerme a la misma situación.
  La siesta de hoy la pasé riendo, viendo una serie en internet. Y en la tarde, quien me hospeda me dijo: “Te escuché reír. Me dormí con tu risa”. Esta noche lloré mucho y el día ha sido equilibrado en esta alma. Nadie me escuchó llorar, pero yo estoy conmigo, viéndome y sanándome. Diciéndome, tranquila: Se acabó eso de intentar convencerte de que “esto también pasará”, entendiste que “ESTO NUNCA MÁS TE PASARÁ”. 

Escuchar canción: Higher Ground

Antes de partir...

  Hoy desperté en este lugar pensando que es la última vez que tendré esta sensación de pertenencia. Recordé lo que soñé, repasé los pendientes para hoy y el más urgente era en casa de mi madre. Me desperecé rápido, junté cosas y salí hacia allá.
  En esa casa que me contuvo unos veinte años salí al patio, me paré de cara al sol, comencé a observarlo todo y a recordar… El árbol en el que un día me puse a hacer una casita de madera con mi hijo, mi huertita, la comunidad de aloe veras que generó la plantita que rescaté de la calle, el techo al que me subía cuando necesitaba aislarme de todos, el audio que una vez grabe allí con los cantos de los pájaros… Y a esta altura ya empecé a lagrimear. Recordé de repente, con el calor del sol, las charlas con mi madre tomando mates en plenas siestas… Su voz, sus sueños incumplidos, sus confidencias, su amistad… Giré la cabeza para mirar el siempreverde que ella tanto amaba y mi llanto brotó sin tapujos. Caminé hasta ese arbusto enorme y me abracé a sus anchas ramas como si la mujer que yo extrañaba estuviera allí, abrazándome también. Seguí llorando y pensando “eras linda, mamá” deseé poder saludarla antes de subir al colectivo esta noche.

  Caminé dando vueltas en ese patio, rememorando las veces que hice lo mismo para detener mis pensamientos hace años. Vino a mi mente la imagen de la araña que caminó sobre mi cuerpo en una de mis meditaciones sobre ese césped, el colibrí que visitaba el romero, mis hermanos jugando a la pelota, mi padre acostado en el agua dentro de la pileta riendo a carcajadas (el sí que sabía jugar), mi vida cuando tenía padre y madre y yo podía acudir a ellos para pelearlos o sentirlos cerca como modo de transitar mis emociones. Ya no están. Mis hermanos ya no juegan juntos. Yo me voy, conmovida y agradecida.



Escuchar canción: Laura va

ME DEJO IR

Necesito despedirme
dejar todo mi amor tras la puerta
decir todas las cosas
Voy despojada hacia una muerte deseada
Jamás seré quien soy
otra vez
Me han atravesado
Nunca volveré

Escuchar canción: Lo que te da terror

DISPUESTA

Atada a nada
Amante de todo
Reinando en mi útero
decreto menstruación emocional
libertad a las posibilidades nulas
y muerte al desperdicio
en la justicia de la creación
Estoy muriendo sin temor
ya todo ha sucedido
He aprendido a amar
y no lo he olvidado
Llevándome entera al vacío
marco el tiempo final
en silencio…



Escuchar canción: Si me voy antes que vos 

SECRETO

Tengo fe en lo que no he visto
y sé que no lo veré
En mi frente
se reúnen almas viejas  
sin imagen
y cultivan el vacío
en todo lo que encarno
Me siento en tu cama
a veces
cuando me llama tu pecho
y te  ocultás del mundo

No podés saberlo

Escuchar canción: Fix you

ELEGÍA A MI ÚLTIMO LLORAR

Este vacío que ha elegido encapsularse
y piel afuera trascender
Estos sollozos que agitan a mis hombros
entrecortando mis inspiraciones
en la congoja de la liberación
Esta serie de deseos terrestres
descendiendo lastimados
a su raíz desde mi pecho
Este homenaje a quien me hizo sentir
Este duelo ancestral de su perecimiento en mí


Escuchar canción: Déjenme llorar

INFANTE

Sigo siendo una niña
que salta en todos los colores
cuando todos los sentidos
dan giros a mi alrededor
Atardece el mundo
en todos los jardines
respira el rocío
antes de caer
Y sigo siendo una niña
contando mis pasos
imaginando el aire
palpando sabores
desarmando palabras
viajando sueños
sin encontrar las flores

Escuchar canción:Quelqu'un m'a dit

Gratitud es salud y abundancia

  Cuando necesites saber si algo en tu vida es sano, pregúntate si podés soltarlo y continuar siendo vos después de hacerlo. Si creés que no, no significa que así sea,  significa que no es sano. Y lo que no es sano, nunca será para vos. Todo lo que no podés soltar, te enferma. Todo aquello que no conseguís dejar atrás, es insano (y me refiero a vínculos, no a personas). Y en cuanto reconocés y aceptás que estás enfermándote de necesidad, se acaba el apego. Entonces, sé agradecido.
Adiós.
Gracias.

  La necesidad es el alimento del inconsciente. Todo aquello que creés que necesitás y, sobre todo, que el otro debe darte, es una droga para escapar de la responsabilidad de sanarte a vos mismo, de ser maternal (darte amor) y paternal (darte fuerza) con vos mismo. Nadie en este mundo (ni en ningún otro) tiene el deber de darte absolutamente nada, y todo aquello que otro te dé, es tan sólo un regalo. Sólo reconociendo esto, podrás experimentar la gratitud. Sé agradecido.
 Quien nada reconoce, siente que nada tiene. Quien nada reconoce vive en la incapacidad de reconocerse a sí mismo  valioso y, por ende, no será reconocido por los demás. Quien no se ama, no sabe amar. Sólo necesita amor, y lo demanda. Cualquier cosa que construyas o elijas desde la necesidad, morirá. Porque sólo lo que se necesita se pierde. Lo que tomás para vos, es del Universo. Y en cuanto lo poseés, deja de ser lo que era. Muere, y crece tu vacío. Seguís necesitando lo que realmente nunca has de necesitar. Porque lo que realmente necesitás, no es algo que puedas tomar. Lo único que necesitás, es aceptar y agradecer.

¿Qué abunda en tu vida? Eso que respondés es lo que tiene tu mayor atención

¿Qué falta en tu vida? Nada. Todo está ahí, para ser reconocido. Sé agradecido.

Escuchar canción: Tiempo al tiempo



DESPACIO

Abandonar
despacio
el lugar marginal
que avergüenza al amor
Empujar porque no queda más
Seguir porque algo espera
porque el silencio se hizo mariposa
para vivir un día sólo
y llevarse al final
en las alas los colores
de las flores que tocó
Así desaparecen
aleteando
bajo la luna
los vestigios del vuelo

Escuchar canción: Corazón libre

SERÁN SOLES

Llevo tierra en la mirada
no ese agua que te inundaba
que a veces te rebalsaba
emocionando el aire
sublimando el alma
y la sombra...
La visión seca
y un amor acallado,
un espectro abatido
naciendo moribundo
de la muerte
Cerrojitos en los nodos
fractales en las venas
dando cuenta al universo
de este lazo
En unos años luz
entrará dios al hoyo negro
y nacerán soles

en todo

Escuchar canción: Te amaré, y después te amaré

Me voy

  Siempre supe que un día me iría de aquí. Nunca lo he necesitado. Nunca tuve este sentimiento inesperado y certero de conclusión, hasta ahora. Estos años, muchas cosas se han transformado a velocidades increíbles a mi alrededor. Las últimas semanas fueron prácticamente mágicas, con varios despertares y tremendo dolor, pero mágicamente transformadoras. Siento que mi ciclo en este lugar ha sido acabado. Observo todo lo que me rodea y lo siento tan mío como ajeno. Tan simple. Tan noble… Tan listo para ser soltado. Siempre intuí que este momento se sentiría así: Nada me pide correr, sólo me suelta.
  Es momento de vivirme. De pasar a través de mí en forma verdadera. De bucearme. No tengo padres que esperen mi visita, y acabo de perder todo miedo a caminar el mundo y a volar el cielo sin su presencia física porque, desde que desencarnaron, van conmigo adonde sea que vaya. Mi hijo, con trece años, es prácticamente un maestro… ¿qué más puedo enseñarle yo? Ya he guiado la formación de su personalidad y tengo un hogar que será suyo. Hace poco ha decidido iniciar una nueva etapa en su vida, recuperando el vínculo con su padre y conviviendo con él por primera vez. Luego de eso,  me ha regalado su bendición con simples palabras: “Hacé cosas que te gusten a vos”. Y su papá (¿quién iba a decirlo?..): “Vos sos muy buena persona. Ya es hora de que dejes de cargar mochilas ajenas y hagas lo que tu corazón necesita”. Mis hermanos son todos adultos, el más chico re-descubrió hace tiempo el poder de su energía y su camino consciente ha comenzado. Los mayores se han acercado a mí en paz. He recuperado el vínculo con tías y primos, sanando rencores de generaciones antecesoras. Formo parte de un Círculo de Mujeres impagable, en el que me siento muy contenida y muy acompañada. Aprendo y recibo tanto de mis hermanas y de mis ancestras que les debo la mitad de lo que soy. Tengo amigos maravillosos (realmente me emociona pensarlos, son portadores de corazones inmensos) que me llenan de amor, siempre. Son mi familia del corazón. Cuánto me han ayudado estos años a ser mejor… Algo muy bueno debo haber hecho en otras vidas para merecerlos en ésta. La gente del barrio me brinda amor también. La kioskera me fía sonriendo, la vecina de en frente me invita a tomar mates, el vecino de la media cuadra me ayuda con el taladro, todos me dicen “Laurita” con una sonrisa real, amplia, fresca, y me regocijo en esos saludos familiares. Estoy satisfecha con los vínculos que he construido. Me ha llevado años aprender a hacerlo y hoy me siento amada. Muy amada, por mucha gente. Esa es la energía que me lleva...

  En cuanto decidí irme y buscar destino en otro lugar (un hermoso lugar que hace ratos me espera), hice contactos y casi instantáneamente, se abrieron las puertas. Mientras, estoy cerrando la puerta de este lugar que me hizo, hasta que deba volver a abrirla con estas mismas manos, pero llenas de cosas nuevas. Estoy revisando, recordando, soltando, vendiendo, regalando… y todo me dice adiós. Todo me dice que vaya, que me gané esta oportunidad con cada decisión tomada en el camino.  Abro mi corazón al Universo y mis guías me acompañan. Sí hay una sola cuestión que me hace mirar hacia atrás, y por eso también abro las alas. Porque el amor es un ave que necesita volar y yo elijo amar como ama el pájaro…

Escuchar canción: El tiempo está después

Nadie muere de amor hasta que muere de amor

  Nadie muere de amor hasta que pierde la razón. Nadie que razone muere de amor. No quiero ir mañana al psicólogo que me ayuda a olvidarte a decirle que no quiero olvidarte, que prefiero llorar todos los días hasta el final antes que vivir sin imaginarte. Que me duele el alma sabiendo que te abandoné porque pudiste romperme y que estoy rota ahora, de todas formas. Que cuando recuerdo la pesadilla de soportarte, te extraño igual. Que estoy enfurecida con el mundo porque logró hacerme obedecer a una ética que no siento, afirmando que debo salvarme de todo para evitarle el esfuerzo de liberarse de las reglas. Que odio los semáforos porque evitan los choques y hacen creer a las personas que saben vivir hasta la muerte. Que nadie admirable ha sido recordado por escapar ante el peligro, que la historia tiene importancia porque la ennoblecen quienes dan su vida por su causa. Que el mundo no es sostenido por las personas que viven seguras, que éstas son los que hacen contraste a las pasionales y que yo soy ambas. Que siempre supe que puedo vivir sin vos, que no necesito un psicólogo para descubrirlo, pero que no quiero. Que sé que sos caprichoso y  manipulador,  que siempre lo he sabido  y que no deseo cambiarte. Que sos insoportable y que aún así te elijo. Que tengo grandes dudas sobre ir a buscarte porque sos muy hinchapelotas y aunque no te tengo miedo me estresás, pero que no quiero tolerar tu demonización en boca de nadie. Que no me importa que quieras dominarme porque no te lo permitiría aunque incendiaras el mundo en uno de tus berrinches y que ese sería el mejor ejemplo para cualquier generación venidera. Que la belleza de tu alma es algo que sólo yo contemplo emocionada. Que la psicología no puede saber de qué carajos hablo, y que aunque es una de las ciencias que más admiro, (citando la canción que escuchamos juntos:) tu locura es mi ciencia. Que ésto no tiene explicación, ni la precisa. Que puedo redactar un testamento dejándote mi vida, liberándolo de toda culpa si tus berrinchitos no cesan y me rompés más que un vidrio. Que no me moleste con que soy rebelde, que mi causa es el amor.

P/D: Mañana, seguramente, me levantaré, con los ojos hinchados, e iré a mi sesión a decir que sigo haciendo "lo correcto", que estoy aceptando esta contradicción, que te extraño porque tenemos corazones idénticos pero que no podemos estar juntos porque a vos no te gusta el mío. Y el psicólogo me recordará: "En las relaciones espejo no hay completud, es uno o es el otro, no hay lugar para los dos. Y es evidente quien quiere ese lugar."

Escuchar canción: No pretendo

INCOMPATIBILIDAD

Mi cuerpo ya no es mío
ha cambiado sus patrones
No entra por mis ojos lo que veo
nada ahora existe
todo es catapulta
saldré expulsada pronto
de mí misma o del mundo

Presiento la extrañeza natural de lo nuevo
sospecho la muerte del personaje
y me excita
Ansiedad de ser sola
de darme entera a la abstracción
Incineración de los planos 
Fundición de portales que expande
Me acerco al big bang
en retrospectiva 
el tiempo se acelera
y me agita el pulso
el om vibra en mis células
dudo de mi necesidad de respirar...

Me siento lista

Escuchar canción:  De todo el mundo


ESTOY BIEN

Estoy bien
con esta tristeza cotidiana
de distraerme esperando
que entres por esa puerta
para estar bien conmigo.
Estoy bien
cuando te nombro mentalmente
para asegurarme de que seguís allí
dentro de mí
aunque nadie pueda atestiguar
que te he pronunciado
Estoy bien
cuando suena la canción que te trae
y te proyecto en el aire
para  contemplar tu divinidad
a ojos cerrados
Estoy bien
sabiendo que amo
con una prudencia que preserva mi amor

hasta el final

Escuchar canción: Algún lugar encontraré

RENDICIÓN

Díganme que está bien
que camina tranquilo
para alcanzarme 
en otro tiempo de la misma historia


No.

Exorcísenme.

Bórrenme del relato
que no me encuentre
que no me haya alcanzado
nunca antes
en la historia que necesito escribir
contando que no existió
este demonio mío
que no murió tras su paso
Fin
Dios
preciso encontrarte frente al oasis del fuego
y salvarme de ignorarte a consciencia
Haz de mí un instrumento de tu paz
lo que quede de esta insoportable eternidad
te pago con mi alma inconclusa

Escuchar canción: Demonios

Algo sobre mí/mi madre

  Estoy en época de laburar cosillas con la imagen de mi madre (ya fallecida) y recordaba... Que cuando yo era chica y mi mamá mostraba mis fotos (fotografías, no imágenes) a las personas que venían a casa, no lo disfrutaba. Más bien, lo sufría con mucho pudor porque no tenía consciencia de lo que sucedía. Sentía muchísima incomodidad porque contaba cosas de mí que yo no deseaba contar o mostrar a esas personas que ni siquiera eran de mi círculo íntimo. Entonces, me retiraba del lugar. 

  Creo que ese sentimiento de abuso o manoseo de lo que, en ese momento, era para mí importante (más o menos así se siente de niña cuando no es tu decisión, como una especie de desnudez obligada), influyó mucho en mis relaciones desde la pubertad hasta el día de hoy. De hecho, en la actualidad uso la exposición como auto-medicina, porque descubrí que resistirme a lo que me ha hecho sentir expuesta es contraproducente. Ahora, de adulta, cada vez que me expongo, lo hago conteniendo a la niña que fui y que sufrió aquello, explicándole que está a salvo porque lo hago voluntariamente, que soy responsable de mis actos y que asumo las consecuencias de tal elección ("ya no soy una niña y esto ya no me hace daño"). Y me libero... Acercándome al día en que no me produzca ni la más mínima cosquilla la exposición voluntaria o involuntaria (me siento cerca de eso a esta altura).


  A veces, chateo con contactos que se sorprenden al saber que tengo un hijo, que soy madre. ¡Claro! Caigo instantáneamente en la cuenta de que no soy la típica madre que llena de fotos de su/s hijo/s su muro. Y es que, un día, hace años (pocos desde que había salido a la luz esta red social) y debido a mi experiencia como hija, sentí que no tenía derecho a exponer permanentemente a mi hijo, como si fuera mi mascota o mi bicicleta, en Facebook. Al menos, mientras no tenga la certeza de que él no está en una edad en la que le resbale que yo lo exponga. Y la adolescencia no suele ser el caso en que las actitudes de nuestras madres nos resbalan, sino más bien, todo lo contrario. Incluso, en esta etapa, comenzamos a pasar facturas de la niñez. Sentía y siento que vivir subiendo fotos suyas no es algo que suponga respeto por su privacidad, intimidad, reserva y/o seguridad. Que no haga alardes todo el tiempo de mi amor por él o de sus logros que me harían quedar muy bien no significa que no lo ame. Me importa muy poco satisfacer la demanda colectiva de actitudes maternales elogiables por el patriarcado. Mi amor está expresado en mi respeto y lo único importante para mí es que así lo sienta él.

  Más tarde, un par de años después, él mismo me agradeció esta decisión reconociendo que realmente habría detestado que lo hiciera (exponerlo continuamente), incluso en el presente. Por supuesto, él lo siente así porque está educado por mí. Ciertamente, fue un alivio su agradecimiento, teniendo en cuenta que una siempre anda con la duda de estar atinando (porque se supone que conocemos a quien parimos) o estar proyectando sobre los hijos algún trauma propio. Quizá los hijos de otras personas sean felices viéndose y recordándose, de adultos, en las fotos que suben/subían sus mamás y quizá luego hagan lo mismo con sus hijos y lo disfruten más aún porque están educados de otro modo. Por fortuna de la bendita libertad, hay muchos mundos en este mundo. Sólo hay que ser consciente de cómo se desea construir cada mundo.

VIVIR SIN ESPERARTE

Estoy aprendiendo a vivir
sin esperarte
pero aún te espero
cada sol
partiéndome la cara
cada ave
parecida a un dibujo
cada luna
sobre una  escalera
cada idea
desvaneciéndose en silencio
cada fotografía sin definición
cada cerveza
y tu ruido interior…
cada lluvia
con actitud de isla
cada bicicleta
con la rueda desinflada
cada sombra interna
cada locura
con miedo al no retorno
Cada paso
con pausa y mirar hacia atrás
inherentes
Cada mensaje
que me importa un mierda
al final
cada golpe en la puerta
tras la cual no te encuentro
A veces me duele
pero estoy aprendiendo  a vivir
sin esperarte
A veces
esperándote
decido no esperarte
para ver si volvés
Si soltás algo
vuelve
como el boomerang
Y esperanzada,  creo que te olvido
hasta que reviso el espacio
y asumo...
no regresaste mientras no  esperaba
y vuelvo a esperarte
otra vez
Estoy aprendiendo a vivir
sin esperarte
No voy a buscarte
tengo miedo de vos
de mí en nosotros
de lo que no deshicimos
juntos.
Pero mi esperanza
te embellece
cada vez que te espero
y te espero más
que es mejor que buscarte
y descubrir que no vas a volver.
Y tengo miedo de soltarte
de verdad
de que, justo, luego 
llegues  
con tu miedo
y descubras que aprendí a vivir
sin esperarte.
Si renunciás
a la satisfacción de un deseo
para dejar de sufrir
y descubrís luego
que el deseo sigue ahí

es un deseo del  corazón.

DECIRLO

Autenticidad 
fue decirte que no te amo
y reunir los trozos de mi cuerpo
y arrojarlos hacia otro lado
de nuevo
Fue sentirme enaltecida
en los augurios del suspenso
con el pellejo hecho bandera
y luces emergentes en el vientre
Fue mirarte el alma con los ojos
y libertarla a través de ellos
perpetuando el fuego
devolviendo las preguntas
desenlazando los miedos
reconciliando la búsqueda
con la muerte.

ÁNIMUS

Tengo la espalda llena de hombres
dormidos
pendientes de un signo
ausentes
embriones del ánimus que esculpo
me asustan y se esfuman
los provoco y regresan
pidiendo libertad onírica
Los veo en cada plano
cada día
pueden verme
esperan el signo que busco.

Soy oscuridad

  Vivimos con miedo. Es nuestra base. Nuestras vidas se tratan de ser equilibrados para poder sostener un estilo de vida, acorde a las necesidades de quienes nos rodean, que no son más que excusas para no ser quienes anhelamos ser. "Lo que pasa es que tengo un hijo", mi excusa hace trece años para no ser y mantener todo bajo control. "Soy un adulto de tantos años y no tengo casa, o trabajo estable", "No puedo, tengo que alcanzar tal objetivo" ¡Mierda!Esas son nuestras preocupaciones. Qué mediocridad. Nuestros objetivos siempre apuntan a lo que está bajo control. Vamos en sentido opuesto al ser, siempre amoldándonos a lo que los demás quieren ver en nosotros, para no incomodarlos y generar que nos excluyan. Mundanidad. Todos adaptados a la línea del equilibrio para que nuestros hijos continúen repitiendo el mismo modelo de camino por los siglos de los siglos, Ese es el mandato familiar y social del que necesito liberarme: el debido equilibrio (no el equilibrio).

  En este camino de "amor propio" (cada vez necesito menos del famoso concepto de amor propio), evitamos a personas que "nos hacen mal", como si alguien más que nosotros pudiéramos hacernos mal. Si fuéramos quienes queremos ser, estaríamos a salvo de todo. Seríamos inmutables. Sólo somos vulnerables a lo externo porque por dentro estamos incompletos tratando de ser algo que no somos: equilibrio. Creo que personas libres no necesitarían cultivar el amor propio, porque no necesitan cuidarse de los demás.
  Se me estruja el plexo solar, de angustia, cuando me acerco al tipo que me sacude toda el alma porque no puedo predecir uno solo de sus comportamientos y me aterra perder el control de mí misma (entregarme a emociones que no me muestran estable) bajo su influencia, porque pasé mi vida sobreesforzándome para ser alguien que encaje y aunque sigo sin lograrlo, tiendo a creer que esa estupidez me salvará de algo. Y no me salva de nada, sólo me mantiene en pausa. Esa persona que me desestabiliza es mi espejo, la otra cara de mí. Mi locura, todo lo opuesto al control. Cierta vez me dijo: "Tenés miedo a perder los estribos y por eso te vas sola. Sos manipuladora y mentirosa, tenés a la gente engañada". Pasé horas no haciéndome cargo de eso, gracias a mi tan desarrollado ego. Pero algo me hacía seguir escarbando en la idea... Y es cierto, los engaño, quiero controlarlo todo la mayor parte del tiempo porque tengo miedo a manifestar mi luz, la lealtad a mi ser, mi desequilibrio, mi energía libre del control. Y la gente espera eso de mí, equilibrio. Yo debo sobreentenderlo, además. Es un deber moral/social que debo saber de antemano: "LA PROFE DE YOGA NO PUEDE SER, deber ser como todos esperamos, o le quitaremos la credibilidad por convención". 

  Es fácil, acuso al otro de loco (desequilibrado) para que no pueda evidenciar mi cobardía ante mi propia soltura. Acreditar a ese otro en su comportamiento desestructurado es asumir que no sé vivir. Yo hago eso con los demás y los demás hacen eso conmigo. Unos más, otros menos, pero todos nos lo hacemos. No sabemos vivir, y en vez de abrirnos a aprender, nos autoengañamos y engañamos a todos enseñándoles a autoengañarse.
  Yo pensaba que la persona que "me hace mal" representaba mi oscuridad, hoy descubro que es mi luz. Esa persona no tiene algo oscuro que debo trabajar en mí, tiene una luz que debo despertar en mí. Necesito permitirme eso que me muestra el otro para dejar de temerle y reproducirlo inconscientemente (Por esta idea se lo juzga tanto a Jodorowsky. Le amo.) He estado etiquetando de oscuridad a la luz. La oscuridad soy yo, reprimiendo eso que necesita salir a ser. Manipulándolo todo para acallarlo. Vivo en la oscuridad, y lo que me trae luz me aterra. Me asumo más oscura que luminosa.
  Perdamos el control, y seamos la luz que sólo los locos nos muestran. El deber ser equilibrados sirve para justificar nuestra oscuridad, nuestro miedo a ser. Es un lugar mental, igual de válido que todos los demás y sirve en determinados ciclos para muchas cosas (aprovecho también para agradecer su utilidad), pero a partir de hoy quiero ser libre de éste también, como he logrado serlo de otros. Ya no me sirve. Todo placebo me aleja de la verdad.

Exponerse

  Cuando era adolescente, vivía al borde del peligro, constantemente y sin miedo. Pero aunque sufría mucho luego de cada dolor, nunca me acobardaba. Mi hermano, que generalmente andaba cerca y me consolaba cuando lloraba (siempre lloraba), me repetía: "A vos siempre te pasa lo mismo porque te exponés mucho, no tenés que darte a conocer tanto" o "sos muy vertiginosa para mi gusto". Jajaja. 

  Confieso que muchas veces sentí culpa de ser vertiginosa, de cambiar tanto, de ir y venir, de saltar, de llorar, de arriesgarme, de enojarme y putear a toda boca, de subirme al auto de alguien borracho, de manejar el auto del remisero con actitud de conductora experimentada, de tirarle la escalera naranja al piso a los de Edesal al pasar y salir corriendo, de pegarle o apagarle un cigarro en el brazo al que me tocó la cola, de tirarle el trago encima al chico que no me quería aunque yo lo quisiera, de vengarme del que estaba conmigo por lastimarme, de salir a bailar sola, de emborracharme y llorar en alguna escalera, de besar a un desconocido en medio de la pista del boliche aunque me vieran todos, de perderme en la calle, de caerme de la moto en medio del barro, de escaparme de la escuela nocturna para ir a caminar sin rumbo con mi amor hiper-hippie, de quemar el cuaderno de amonestaciones en el secundario, de enfrentarme a la directora porque me gritó y ser expulsada, de no volver de algún viaje y dejar a mis viejos con el corazón en la boca, de fumar mucho, de jugar con las expectativas de los "chicos malos", de reírme de los chicos buenos, etc...


  Tanto, que con los años años empecé a suprimirme a mí misma, buscando ser equilibrada, armoniosa, sabia, justa, amable, servicial, diplomática, digna de ser bien recibida. Inevitablemente, mucho de eso ya es parte de mí porque lo actué tanto que aprendí mucha teoría y la integré de a poco, pero sólo a veces. Yo lo sabía, sólo a veces era así. Y otras veces quería romper todo y ser la de antes. Claro, todos estaban felices con la nueva Laura, y yo no. Yo cada vez menos. Hasta que descubrí que necesito volver a ser libre.



  Va de nuevo. ME EXPONGO, ahora a conciencia. Vengo a generar vértigo, incomodidad, irritación, reflejos y les doy tema de charla para criticarse a sí mismos a través de mí. No tengo vergüenza, no tengo miedo que no pueda afrontar, no me importa errar, ni que ustedes, llenos de errores, opinen sobre lo villana o buena que soy según lo que hago o digo a cada momento.



  Y los que tienen la idea de que "exponerse es para sufrir" sepan que sí lo es. El que se cuida va a sufrir de todos modos, pero cada vez más. Porque el que el que no se anima a sufrir, no se anima a vivir. Sepan también que el dolor jamás acaba, pero el sufrimiento en cambio sí. El sufrimiento acaba cuando dejás de creer que debés cuidarte de ser, de los demás, y de expresarte. Y aunque el sufrir acaba, la vida sigue doliendo. Duele hasta el final, sin pausa. La vida duele siempre, hasta el tuétano, y podés ser feliz mientras duele, y tener paz mientras duele, y dar amor mientras duele. Y porque duele se ama, porque duele se viaja, porque duele se busca, porque duele se salta al vacío y se busca compañía



  YO NUNCA DEJARÉ DE EXPONERME, porque su juicio me hace crecer, me hace sufrir y luego recordar que no importan sus opiniones, sino mi libertad. Exponerse genera presión externa, a veces me sirvió para lograr objetivos (la presión que supone perder credulidad y coherencia si no cumplís la palabra empeñada) y otras veces me sirvió para demostrarme que puedo ser como se me cante a pesar de la desaprobación (la libertad al descubrir que seguís intacta tras la crítica), según el lugar mental en que me encontrara y la experiencia que necesitara atravesar.




  LA LIBERTAD ES INCÓMODA, inestabiliza, rompe, cuestiona, remueve todos los cimientos. Entro y salga todo el tiempo de ella, sufriendo o celebrando, pero me la cargo encima aunque me duela hasta el alma porque yo soy la que junta los pedacitos cada vez que hace falta. Es mía, la quiero y la tomo.

BESTIAL

La sutileza nunca fue lo tuyo.
Dolores inciertos.
El problema de encariñarse 
con una bestia de mundo.
Se te rompió el termostato decías
y se te rompía el alma
queriendo ser un hombre
Besos de terraza céntrica
sueños mal dormidos
y una bicicleta que no pasea
por los suburbios de mi mente
son todo lo que queda.
Hacé lo que tengas que hacer
y volvé.

ALIVIO

Miro a través de la ventana y no te veo.
Cuánto me alegra
que no me tapes los pàjaros
que me elevan la vista...
Ratos largos...
Tengo una tristeza sabia
que acaricia y no pregunta
lo que no ha llegado
lo que no vino
Tengo un pucho de mentiras
y un alma de verdades, llena
una cerveza artesanal
y un espíritu de puta madre,
libre.

DEVALUADA

Devaluada el alma 
disminuida a paraguas
interpretada como casa materna
y el perdón
trampolín para el provecho
el abrazo
una excusa ante el espejo
para continuar sin seguir.
Me dí mis cuentas.
No es negocio.

ANCESTROS

Todos-Italia-viaje-tierra-trigo-pan-todos
El tren de palabras resonando
en mi conciencia.

Infinitamente.


Ustedes...
generaciones soñando
la habitación de los sueños...

Yo...
Desafío afortunado...
Mi gratitud.

Todos
viviendo en mí,
celebrando latidos de mí.
Escucho sus gritos y risas.
Estoy viva, regando mi árbol.
Crecen todas las flores
y todas las frutas.
Son para ustedes.
Todas.

ÁLMICAS

Hora es de salirse
por las líneas de los bordes
y seguirse la silueta 
Universalizarse
desde el centro hacia afuera,
hasta que la orilla se disuelva
y el agua encauce a otra,
Disolvernos todas
centralizando el alma

LO COTIDIANO

Lo cotidiano quiere matarme
Confundo esta casa con mi útero
y pinto con fuego la entrada
Algo me asfixia y está por parir
Último deseo:
Morir viviendo
 llena de caminos hacia la luz
de  puentes hasta tu mano
y  de mì.

HAS DE VENIR

Has de venir 
envuelto en tus yoes
buscando los mios
He de recibirte
desnuda
negándome
reconociéndote
sin forma
sin nombre
silenciado
invisible
vacìo

Me doy permiso para hacer juicio

"Manteniendo mi posición digo la verdad tal como yo la veo" (No recuerdo la autorìa)

Y no está mal. 
Y no es pecado.
Y no es agresivo.
Y no me convierte en una mala persona.
Y el que la recibe la merece.
Y el que la merece debe hacerse cago de eso.

Que yo diga la verdad que veo no significa que sea LA verdad. Soy consciente de esto cada segundo de mi vida. Pero sí es MI verdad y nací con el derecho a expresarla impreso en cada una de mis células, y también soy consciente de esto cada segundo de mi vida. No me distraigo.

Por supuesto, cuando un otro me exprese su verdad, la recibiré, la aceptaré, la negaré, la sufriré o haré de ella lo más elevado o lo más bajo, según la conciencia que tenga de la emoción activada en ese momento. Pero la mereceré, seguramente. Poque seguramente, la habré generado, y aunque ajena, esa verdad tendrá una porcentaje de verdad mía también.

Gracias a todos los que me dicen las cosas que mi ego no desea escuchar. No dejen de hacerlo, por favor. Yo les prometo no dejar de decirles lo que veo, porque en eso puedo verme también. Si no le pongo palabras a lo que veo, no me defino, y luego no puedo ver todas las definiciones que he depositado sobre mí misma para después quitármelas. Ustedes son mi espejo, y yo soy el de ustedes.

¿Qué ven?

Respondámonos sin miedo. Me tienen realmente podrida esos discursos espirituales de personas que supuestamente no hacen juicio. El juicio es nuestra realidad, es producto de la dualidad en que hemos proyectado la escuela que es la vida, y quien no lo hace, no puede estar vivo. Hasta Jesús hizo juicio antes de morir:

"Oh, señor, perdónalos porque no saben lo que hacen"

¿Quién era Jesús para determinar que otros seres humanos no sabían lo que hacían y que debían ser perdonados? Decir algo así precisa la certeza de una verdad que se ha tomado como verdadera. Eso se llama "juicio". No es posible habitar esta tierra, encarnados, sin hacer juicio. El juicio es un programa sin el que nuestra mente no puede funcionar en este mundo. No se puede usar una máquina de escribir sin cinta y no podemos esperar que una máquina de escribir funcione como una tablet porque no es una tablet. Es sólo una máquina de escribir que puede escribir con cinta entintada, y a lo sumo puede evolucionar a máquina de escribir eléctrica, pero nunca será una tablet. Y aunque la máquina de escribir venga diciendo que es una tablet, sabremos qué es y cuál es su limitación, porque tenemos juicio. Los seres humanos que no hacen juicio, no existen.

EL JUICIO NO ES MALO.
Hagamos juicio sin culpa, porque nadie que no haga juicio podrá llegar a verse claramente. Hagámonos cargo de nuestros juicios, eso sí. Sepamos de dónde vienen y para qué sirven, y trabajemos sobre eso sin pausa y sin prisa. Pero dejemos de creernos maestros ascendidos que no hemos ascendido. Dejemos de suprimir la herramienta más valiosa que nos hemos auto-proveído y dejemos de sentir culpa por decirles a los demás lo que vemos, porque ese otro vino a reflejar eso y también debe aprender a aceptar la responsabilidad de lo que refleja, al igual que nosotros mismos.

La palabra

  Dicen que del dicho al hecho hay un largo trecho. Y en ese trecho se juega la integridad. Antes de decir y hacer nada, hay un valor original en la palabra de cada uno, por no haber en un principio motivos para desacreditarla y porque está virgen la oportunidad de demostrar ese valor una vez que se hable.Todos esperamos que la coherencia se manifieste la primera que escuchamos al otro: creemos. Damos por segura la pronta demostración de lo que se nos ha expresado.

  Entonces, la palabra vale, por naturaleza.
  *Acompañarla con hechos hace que adquiera más valor que el que tenía en un principio. Y cada vez que la acompañamos, su valor se engrandece. Mientras más la acompañamos, más confiables somos para los demás y más íntegros, dignos, merecedores nos sentimos. Esto nos ayuda a construir relaciones fuertes.

  *No hacerlo no mantiene vigente el valor que poseía en un principio, sino que se lo quita. Cada vez que se dice y lo dicho no se "hace" (real), disminuye un poco más nuestra credibilidad, nuestra autoestima y por ende nuestra auto-confianza. Esto nos lleva a debilitar cada vez más las relaciones.
  *No emitirla cuando no se tiene la capacidad o el deseo de acompañarla con hechos, es sumamente coherente, es casi lo mismo que acompañarla con hechos. Mantiene el valor que tiene por naturaleza, ya que no se la desacredita y al mismo tiempo se deja evidencia de la responsabilidad e importancia que se da a la propia palabra, a la propia dignidad.
  Creo que el secreto para construir sanas relaciones está en ser, dentro de lo posible, coherentes. En la auto-observación constante, en el hábito de ser conscientes.Y en que si algunas veces (lógicas) no nos sale bien, sepamos hacer el esfuerzo necesario para recuperar el valor de la palabra que hemos perdido, acompañándola con hechos. El esfuerzo incesante, diario, de ser íntegros, coherentes, dignos de confianza, es proporcional al amor que podemos brindar a otros. Si no hay esfuerzo personal y constante de ser mejor, no se puede amar bien a otros, porque tampoco se cultiva el deseo de ayudarlos a ser mejores cada día. Como es adentro, es afuera. Entonces el mundo será tan bello como capaces seamos de relacionarnos desde el amor, pero el amor nace en uno. El amor al otro es inherente al amor propio.